¿Por qué pierde audiencia RTVE?

 

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No querer ver la realidad es pecado mortal. Entre otras cosas porque no querer verla implica, de primeras, no querer atajar los problemas que de ella se derivan. Pero en el caso de los medios de comunicación, que trabajan precísamente para hacerse eco de la misma, y transmitirla a los demás, con toda una serie de valores periodísticos que huelga ahora recalcar, es sencillamente un suicidio.

La pérdida masiva de espectadores de RTVE en los dos años de gobierno del PP es un hecho palmario, como demuestran los dos graficos que acompañan esta entrada. La audiencia general se ha desplomado desde niveles cercanos al 20%, a valores que ahora rondan el 13% pero que han llegado a ser inferiores al 10%. Esto significa que TVE ha perdido el liderazgo como medio de comunicación.

Puede que tenga que ver con el retraso series con gran audiencia como “Aguila Roja”, “Cuéntame cómo pasó” o “Isabel o “Los misterios de Laura”, que se tiraron en el cajón una buena cantidad de meses, desde que a principios de 2012 entrara el nuevo equipo directivo del PP. Puede que tenga que ver con la renuncia a las transmisiones de partidos de fútbol o de eventos históricamente retransmitidos por TVE como el Mundial de Motociclismo.

Pero hay dos elementos a los que hay que destacar, a mi modo de ver, como causas raices de la pérdida de audiencia y de prestigio de la cadena pública: por un lado, la sectaria forma de elegir a sus órganos directivos, tras los avances hechos en las dos legislaturas anteriores. Por otro lado, las denuncias que los propios trabajadores de RTVE hacen de manipulación y falta de seriedad informativa. Todo ello ha dado como consecuencia no solo la pérdida de audiencia general de la cadena, también la pérdida de audiencia de los informativos.

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Si bien es cierto que con la mayoría de cambios de gobierno, los telediarios de RTVE sufrieron pérdidas de audiencia y liderazgo, nunca dichas pérdidas fueron tan pronunciadas ni tan sostenidas en el tiempo. De este modo, los informativos de La 1 se han convertido en los terceros mientras que las cadenas privadas se frotan las manos, en el caso de la sexta con una subida considerable cercana al 50%.

Una de las mejores herencias que el PSOE dejó en este país fue una televisión pública prestigiosa, premiada en varios años consecutivos por su calidad informativa y de contenidos, con un consejo de administración pactado por los distintos grupos políticos, exenta de polémica, y sobre todo y ante todo, volcada en un servicio al ciudadano indispensable: contarle al ciudadano la realidad, sin aditivos.

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Bye Bye ninety six

Dicen las encuestas del CIS, que los primeros meses desde la entrada de un nuevo Gobierno suelen ser políticamente bastante dulces. Es normal que los electores den a sus nuevos dirigentes un voto de confianza cuando acaban de llegar.

Sin embargo, el acelerado deterioro de la imagen del actual gobierno es cuando menos para preocuparse y, aunque todavía no lo sabemos, la intención de voto con respecto a las elecciones generales ha podido sufrir variaciones significativas en poco tiempo. Al menos esa es la lógica que parece desprenderse de los resultados de las elecciones andaluzas y asturianas. En Andalucía, el PP aspiraba a obtener una contundente mayoría absoluta y sin embargo solo 3 escaños y un 1% de votos le separan del PSOE. En Asturias, donde aspiraban a desbancar a Foro Asturias como segunda fuerza en votos, se han quedado terceros, perdiendo porcentajes y ganando un solo escaño.

Decían los dirigentes populares durante la campaña de noviembre que, como en 1996, el Gobierno del PP supondría el bálsamo de tranquilidad y soluciones que inmediatamente tendría efecto, no solo sobre la economía y la política en España, sino sobre la vida particular de las familias e individual de los ciudadanos y ciudadanas. Alardeaban entonces de un discurso y un diagnostico realista y sin embargo ahora alcanzan a ver cuan soñadoras eran sus alucinaciones antes del 21 de noviembre.

Haría falta un análisis pormenorizado de la situación económica actual y la de 1996 a nivel económico, pero probablemente esa situación sería muy distante. Aun con el escaso conocimiento que tengo sobre esto podría asegurar que en marzo de 1996 en España se crecía y se creaba empleo tímidamente. En noviembre de 2011 en España hay recesión y más paro, la crisis más fuerte desde los años 30 y un Partido que dice que, al día siguiente de su llegada, todos estaremos mucho mejor. Resulta que quienes acusaban a Jose Luís Rodríguez Zapatero de haber negado la crisis cometieron un error similar: aunque su discurso en la oposición era apocalíptico alimentaron hasta límites insospechados las expectativas sobre su futuro gobierno. Si sabían hacerlo y todo iba a ser tan soñador para todos, ¿por qué han recortado en todo, incluso en pensiones?

En cualquier caso, ese no es el debate. La cosa es que 1996 no es 2012 y Mariano Rajoy, pese a su mayoría absoluta tiene menos margen político que cualquier otro Presidente del Gobierno entrante hasta la fecha. Porque la situación económica sigue siendo percibida como muy mala, y las expectativas son desfavorables. Porque los ciudadanos tienen una valoración de la política y de sus políticos pésima. Y porque, fundamentalmente, en la parte que más deberían aprovechar su imagen de nuevo gobierno de centro (derechos y libertades políticas) no han sabido sacarle partido. Digamos que el margen de confianza ante los ciudadanos ha sido efímero, y eso puede pasarle factura al gobierno en cuanto a su imagen exterior.

El CIS nos muestra en qué condiciones está sustentada la mayoría política de Rajoy. La confianza en el depositada no se debió a un crecimiento exponencial del voto al Partido Popular sino al hundimiento del Partido Socialista. Pero es que además, la valoración del Presidente del Gobierno y de su propio gobierno nada más llegar, será de las peores que han tenido nuestros presidentes primerizos.

Gobierno PP CIS Enero 2012

Gobierno PSOE CIS Abril 2004

Presidente PP CIS Enero 2012

Presidente PSOE CIS Julio 2004

PD: De todas formas, sí que hay algo en lo que se parecen 2012 y 1996. Entonces como ahora, Arenas se quedó a las puertas de ser Presidente de Andalucía.

Les informamos de que Mariano Rajoy llegará con retraso, disculpen las molestias.

Tras varias semanas de retraso Mariano Rajoy dice hoy que el Gobierno “ha cambiado de opinión y creemos que no negocia con ETA”. 19 días ha tardado Mariano Rajoy en desdecirse de aquello de que como fue un excelente Ministro del Interior “cuando habla, hay que escucharle”. 19 días de impunidad partidaria en un tema que no puede volver a ser de confrontación pese a que el PP esté vendiendo una imagen equivocada con su postura en el caso Faisán. Parece ser que Mayor Oreja tiene más poder del que se le suponen a los cabezas de lista en las elecciones europeas, amenudo juguetes rotos en la arena nacional del que es necesario desprenderse.

No obstante, habría que pensar en el tiempo que nos queda para ver como el PP y su Presidente toman medidas en el caso Gürtel, medidas implacables. Rajoy todavía no ha dicho nada más que lo que dijo sobre Jaume Matas: “le deseamos lo mejor, y que si puede demuestre su inocencia”. En vez de tomar “el toro por los cuernos”, – algo que, dicen en el PP, que les gusta hacer- Mariano Rajoy han dejado que sean los propios militantes los que tomen las decisiones que a él le correspondían como portavoz supremo del partido afectado por la trama y como principal partido de la oposición, con más de 10 millones de votos a sus espaldas. ¿Qué ejemplo da a un país cuya tercera preocupación es la clase política? Evidentemente, deja ver que detrás del poder político hay intereses y favores que pesan a la hora de tomar decisiones sobre personas concretas.

Apartar de responsabilidades a un presunto y facilitar el trabajo a la justicia, no supone afirmar culpabilidad alguna sino asumir un coste electoral en favor del interés general, del bien común. Sin embargo, dejar las decisiones para más tarde supone una caída más grande y duro golpe a la democracia, pues demuestra la debilidad de los que por intereses, miedo o incapacidad, siempre llegan tarde a donde se les exige.

Agua fresca para nuestro sistema político.

La corrupción vuelve a estar en boca de todos estos días por el caso del ex- Ministro del PP Jaume Matas. No quiero que esto se vea como un alegato a favor del PSOE y en contra del PP, la reflexión que hoy me ocupa es mucho más general, pues la corrupción afecta a una parte no desdeñable del sistema político.
En la RAE, en su cuarta acepción, corrupción viene definida de la siguiente forma:
4. f. Der. En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores.
Corrupción significa enriquecimiento ilícito gracias a un abuso del poder. Pero también cualquier otra consecuencia no económica derivada del uso del poder con un fin que nada tiene que ver con el interés general.
En este país asistimos a casos de corrupción que tienen que ver esencialmente con dos factores:
– En primer lugar, con una déficit de virtud cívica, es decir, aquella que anima al gobernante a actuar en provecho del bien común y no del propio. Esa virtud viene dada por un sentimiento de pertenencia a una comunidad. Por una vocación de servicio a la comunidad. La virtud es casi sinónimo de patriotismo pues es la dedicación de la vida propia al servicio de tus conciudadanos. Este es el motivo por el cual muchos amamos la política.
En este sentido hay quien ve en la política un instrumento para alcanzar poder y desde ahí extender las ramas de su acomodo personal y de sus allegados. Buscar posición, dinero o influencia para el propio beneficio no significa – y es una obviedad recordarlo- una pérdida de votos únicamente sino una pérdida de legitimidad del sistema democrático y de los partidos políticos. Y lo que es peor, una degradación de la política como profesión e instrumento para la transformación social. Que quede claro que el corrupto hace daño a la comunidad y la defrauda no solo en lo material, sino en lo moral, rebajando autoestima de todo un pueblo, comunidad, nación o Estado.
– En segundo lugar, la corrupción puede estar inmersa en el propio sistema, no como consecuencia de las personas sino de las normas del Estado. Ocurre amenudo que un ayuntamiento depende excesivamente del IBI y del Impuesto por la Recalificación de los Terrenos para poder sostener sus competencias. Competencias que a menudo son más de las que en teoría le tocarían por ley. ¿Podríamos pensar pues que hay quien corrompe por necesidad?
Otro hecho que no podemos dejar escapar es la corrupción del sistema Judicial. El Consejo General del Poder Judicial no es elegido por méritos u oposición sino por cargos políticos y por ideología jurídica – si acaso fuera correcto el término-. PP y PSOE, Conservadores y Progresistas se reparten el órgano, sin que el ciudadano medio lo sepa, condicionando con ello el funcionamiento judicial, y dejando a la altura del barro la necesaria independencia de la Justicia. Esto también es corrupción, por que altera de manera fundamental el funcionamiento de un órgano con respecto a la idea y los fines para los que se crearon, tanto socialmente -de cara a la población- como funcionalmente, dentro del propio sistema político. Casos como los de Garzón, el Estatuto de Cataluña, y algunos casos de corrupción autonómica no avanzan, no porque no existan medios, sino porque los intereses creados alrededor de determinadas figuras públicas impiden una resolución justa, cueste lo que cueste a los actores políticos.
La injusticia puede ser económica, política o social. Y hay una parte de ella que es insalvable. Ningún teórico de filosofía política (ni siquiera Marx) pudo imaginarse un orden social absolutamente justo e igualitario. ¿Quien dice ahora que todos somos iguales?. El problema no es tanto éste, sino que hay cosas que pueden y deben arreglarse, reformarse, transformarse o mejorarse. Y esos cambios no llegan por desidia, intereses, desconocimiento, falta de virtud…Esto crea una sensación de desagravio por parte de los ciudadanos, un sentimiento de incomprensión. Como si les tomáran por tontos. Y este sentimiento -que también es injusto- les hace presas de argumentos totalizadores y antihumanistas en la medida en que no se involucran en el cambio necesario y se ven a si mismos como meros espectadores. Todos somos actores porque todos somos ciudadanos, en los que reside una parte importante de la virtud colectiva.
Recuperar la virtud es uno de los primeros pasos par recuperar el ánimo y la confianza democrática. Referentes sólidos a los que imitar, seguir, e incluso superar. Pero a partir de ahora siempre por arriba, siempre mejorando lo presente, siempre superando con virtudes públicas y una actualización del sentimiento de respeto y servicio al ciudadano. Agua fresca para nuestro sistema político.

TRILLO, EL PARTIDO POPULAR Y LA JUSTICIA

El llamado caso gürtel no es uno de los casos más bochornosos de corrupción que conocemos y si alguien tiene el tiempo y las ganas de discutirmelo, lo hacemos sin problema. Para lo que vengo a escribir hoy no es aquella la cuestión importante sino el uso y disfrute que el Partido Popular hace de la justicia. Me explico.
Son los líderes del Partido Popular los que han hablado de independencia de la justicia, de presunción de inocencia y de su indefensión ante las “filtraciones” de un caso que se encuentra todavía en lo que se conoce como secreto de sumario. Sin embargo, ese partido político adopta la posición que más le conviene en cada noticia o presunto hecho que a este respecto se produce. En ocasiones de manera irresponsable y en la mayoría por puro despecho y chulería. Esto hace pensar que su posición ante la corrupción es pura estrategia política como lo demuestran las sucesivos apoyos que implicados en asuntos de corrupción como Fabra o Camps han recibido con motivo de las elecciones europeas o con el caso de los trajes. La derecha cierra filas ante los corruptos y ataca a la justicia o bien la utiliza para su estrategia política aprovechando la “clausula” que los cargos electos en España poseen en relación con su procesamiento mientras están en ejercicio de sus cargos (no posteriormente). ¿Se morirá el señor Fabra sin ser juzgado? No es de extrañar si se sabe que en 1998 el partido popular aprobó una Ley por la que se permitían juzgar los actos políticos y no solamente los actos administrativos del poder ejecutivo y de la administración. Una de los grandes déficits democráticos que el neoliberalismo introdujo en estos últimos años es el sometimiento de la política a la justicia para salvaguardar la prevalencia de lo económico sobre lo político, pero ahora no conviene.
Entre otras cosas, este tipo de leyes y procedimientos y este uso de la justicia ha favorecido la mentalidad conservadora según la cual se prefiere “lo malo conocido antes que lo bueno por conocer”. Según un artículo periodístico con el que coincido plenamente, este es el motivo por el cual la derecha no ha sufrido retrocesos electorales en España u otros países pese a estar inmersa en múltiples asuntos de corrupción que en España se manifiestan de manera notable en las Comunidades Autónomas y en los Ayuntamientos. Esto ha pasado en Valencia, en Canarias o en Madrid.
El sometimiento de la política a la justicia se retroalimenta con la intervención de la política en la elección de los organos rectores del poder judicial. Es conocida todo el conflicto surgido con la renovación del Consejo General del Poder Judicial o del Tribunal Constitucional. Esto anterior, unido a la mentalidad conservadora de la que hablábamos permite al principal partido neoliberal en España cambiar de criterio y utilizar los resortes de la justicia a su justa medida. Cuando les viene bien le dan palmaditas en la espalda al Fiscal General del Estado o de la CAM, y cuando no le critican y manifiestan su indefensión demostrando una vez más el sentido de la justicia del principal partido de la oposición. Esto es lo que el señor Trillo ha hecho en referencia al supuesto fraude fiscal y prevaricación cometidos por el tesorero nacional del Partido Popular que constituye el caso Bárcenas, y que lo haga el Sr. Trillo, manda huevos. Es significativo que los medios de comunicación hagan referencia a que algunos implicados están algo así como aislados dentro del PP, cuyos afiliados y cúpulas dirigentes esperan que estos dimitan por si mismos, en lugar de dar ejemplo y suspenderlos de sus cargos (algunos diputados y senadores) y de militancia como sí está haciendo la izquierda en cada caso concreto, para poder ser juzgados.
Apelo para que esto no ocurra a la ética democrática y al civismo, a castigar a los políticos corruptos dejando de lado ese pensamiento de que todos son iguales pero si lo hace la derecha es normal y si lo hace la izquierda es un escándalo. Actualmente, los miles de pequeños casos de corrupción municipal en el que está inmerso el PP superan con creces los que recuerdan a menudo la derecha como excusa, los del Gobierno de Felipe González. Pero lo preocupante no es esto sino que dichos asuntos relacionados con corrupción no son casos puntuales sino sistemáticos y hechos por norma sine qua non se entiende la gestión municipal de muchos “buenos gestores” de la derecha.