YO SÍ QUIERO EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANIA

Hoy se ha anunciado la intención del Gobierno de derechas de eliminar del currículum educativo la asignatura de Educación para la Ciudadanía y su sustitución por otra “más acorde a los contenidos Constitucionales y que no impida la libre elección de los padres por la educación de sus hijos”. Esta noticia la he acogido con estupor y rechazo, no solo porque ya existe una sentencia del Tribunal Supremo que niega esos argumentos; y tampoco solo porque fuera una petición de instituciones europeas ante la escasa formación en valores cívicos de la que adolecía el sistema educativo español. En realidad el rechazo ante de esta medida del Gobierno viene más marcada por la defensa de la asignatura tal y como estaba.

¿Por qué tal y como estaba? En primer lugar porque, quien haya leído o haya visto un libro de EpC no podrá encontrar en él ni un solo contenido que no fuera pactado con la totalidad de la comunidad educativa conformada en 2006, incluidos los colegios concertados católicos. En segundo lugar porque, tampoco se podían encontrar en los contenidos otros principios o valores que no estuvieran ya inmersos en la propia Constitución Española. ¿Acaso no enseñaba la asignatura que todos somos iguales ante la ley? ¿O que nadie debe sufrir discriminación por razón de su ideología, conciencia religiosa, raza, género u orientación sexual?

Es precisamente la sexualidad el tema que más rechazo generó en su momento. ¿Podían los colegios católicos aceptar la homosexualidad como un hecho normal? ¿Cometió el Gobierno un error consensuando dichos contenidos? ¿A quién debía adaptarse la ley: a la minoría social que todavía no concibe la existencia del hecho de la homosexualidad o a la mayoría social que es tolerante?

El Gobierno actuó con la máxima prudencia ante cualquier tema delicado y se encontró con una oposición política y social conservadora y católica que rechazaron la asignatura amparándose en que “era una materia para que las elecciones las ganara siempre el PSOE”, porque contenía poco menos que su ideario. Difundir esa opinión era la mejor manera que tenían y que encontraron para criminalizar la enseñanza de valores con los que, en realidad, pocas veces estuvieron de acuerdo. ¿Atención a la diversidad? ¿Derechos sociales? ¿Civismo? ¿Tolerancia? ¿Pluralismo? ¿Familias diversas? A estas alturas está claro que para la jerarquía, no todos somos hijos del señor.

Pero en realidad hay un motivo mucho más profundo para defender esta asignatura. ¿Qué es la calidad de la enseñanza? ¿Saber muchas matemáticas, muchas ciencias o mucha historia? ¿Se define la educación como el conjunto de materias impartidas durante las distintas etapas educativas? Considerar que la calidad de la enseñanza está relacionada únicamente con los resultados es un argumento tan manido y antiguo como erróneo y retrógrado. Cuando tenga hijos no quiero que sean unos tipos inteligentes sin valores humanos. Los valores que enseñaba esta asignatura eran tan útiles o más que utilizar las formas de cálculo con soltura. Cuando tenga hijos, además de que sepan valorar sus propios resultados, quieron que sepan relativizar los logros de sus compañeros atendiendo a que puedan tener dificultades en el estudio. Y si soy padre, tendré muy en cuenta aquellos centros donde haya un amplio número de profesores por alumno, que atiendan debidamente las necesidades de todos y cada uno a la vez que integran al conjunto. La calidad de la enseñanza está relacionada tanto con los resultados como con la metodología utilizada, así como con los valores del propio sistema y su asunción por parte de la comunidad educativa. Sin Educación para la Ciudadanía perdemos la única oportunidad que habíamos construido hasta ahora para vertebrar el sistema entorno a una educación útil gracias a aquellos valores cívicos que permiten el asentamiento de las democracias.

Ganar el futuro, con educación

En primer lugar, he de pedir disculpas por haber mantenido este blog sin funcionar durante dos meses. Yo creo que muchos quedamos ciertamente decepcionados por el resultado electoral y hemos permanecido algo dormidos en nuestros espacios personales porque no sabíamos muy bien dónde encontrar la inspiración. En los momentos difíciles es siempre recomendable rebuscar en el interior de uno mismo para ver si podemos volver a encontrar aquello que nos motiva. Yo siempre, desde que tengo recuerdo de conciencia política, me he considerado socialista pero nunca había tenido que enfrentarme a la desafección que supone participar directamente en unas elecciones y perderlas por más margen del predecible, del esperado o del directamente soportable.

De todos modos no penséis que he estado en casa deprimido, que va. Durante la campaña electoral tuve que compaginarla con mi primera inmersión en un aula de secundaria: una gran experiencia que me ha aportado dos conclusiones. 1. Que no es necesaria una reforma legal de ningún tipo puesto que con la normativa actual se pueden ofrecer más que de sobra las alternativas que necesita la educación pública. 2. Dichas alternativas pasan por una mayor formación y preparación del profesorado, por una parte; y por un aumento de los recursos materiales y humanos para atender a la diversidad existente en sociedades postmodernas como las nuestras. Todo ello fue plasmado en un Trabajo Final de Máster que comencé también una vez celebrados los comicios y que me ha llevado semanas, sudor y lágrimas.

El mundo de la educación es tan apasionante que da para grandes reflexiones. De hecho, el otro día tuve la oportunidad de asistir al acto de proclamación de Alfredo Pérez Rubalcaba como candidato a la Presidencia del Gobierno, y dijo cosas muy interesantes, reflexiones que se resumen en una extraída directamente de su discurso:

“Me vais a permitir que hable un poco de educación, que es lo mío.

La educación es mucho más, lo sabéis todos, que una política

horizontal. Es mucho más. Educación es casi todo; es política

económica, porque sólo creceremos si educamos; es política social,

porque la igualdad sigue dependiendo de la educación; es una

política laboral, porque sin educación difícilmente encuentras

trabajo; es hasta política exterior, porque es verdad que hoy los

intercambios educativos son los que hacen y fortalecen la relación

entre los países; es política cultural… es política a secas. Un sistema

educativo es lo que vertebra un país, lo que da fuerza a un país. La

educación es nuestro gran instrumento”.

Lo que de verdad importa

En los últimos días escucho mucho hablar sobre los 110 km/h y la ley anti-tabaco. Es verdad que son dos medidas restrictivas de la libertad pero no de la libertad con mayúsculas como dicen algunos. Además de ir a 110 km/h, tenemos que ponernos el cinturón de seguridad, llevar casco reglamentario si vamos en moto, tener preparados chalecos reflejantes para accidentes en carretera, tenemos que dar los intermitentes, tenemos que pararnos a auxiliar a alguien si es víctima de un accidente, tenemos que respetar millón y medio de señales. En realidad, los 110 km/h pueden gustar más o menos, pero es una restricción igual a la existente con los 120 km/h y que ha tomado el gobierno basándose en la necesidad de ahorrar combustible. No es algo una injerencia en nuestra vida personal que vaya más allá que otras permitidas al Estado. Es evidente que no todos ahorran por igual y que, como joven, me gustaría que hubieran sido otras las medidas del gobierno. Por ejemplo, me hubiera gustado que hubieran bajado todavía más el coste del transporte público, pues mi abono de transporte me cuesta 63 euros todos los meses. Una reducción del 30% o 40% en el precio del transporte público hubiera sido beneficiosa.
En todo caso parece que lo que importa somos nosotros. Los individuos egoístas que no pensamos mas que en nuestro propio beneficio. Hemos dejado de ser ciudadanos. No consideramos la comunidad como un espacio de convivencia común. Si no fuera así deberíamos darnos cuenta de que nadie ha exigido al Gobierno que reduzca el 80% de dependencia energética sobre combustibles fósiles (petróleo, carbón o gas natural). Queremos ir a 120 km/h, pero pensar en lo que nos cuesta a todos el déficit de tarifa y lo bien que le viene a las eléctricas…de eso nadie parece enterarse.
Cuando la cosas van mal, al igual que cuando van medio bien o cuando van bien las democracias han de funcionar por el menos común de los sentidos. Es decir, parece ser que hemos borrado de nuestra mente esto de que debe primar el interés general: el bien común. No quiero decir que los 110 sea lo mejor. Solo pretendo que reflexionemos sobre las cosas que decimos muchas veces, no paramos de meternos con los demás y muchas veces de echar balones fuera, pero tenemos que ser capaces de abstraernos del debate sectario y partidista para arrimar un poquito el hombro. Entre partidos si, es a los primeros que hay que exigírselo. Pero también a los ciudadanos con sus políticos.
No parece que exista prohibición sobre conductas de participación ciudadana básicas y sin embargo los ciudadanos españoles somos de los que más participamos en elecciones pero de los que menos nos acercamos y valoramos nuestras instituciones democráticas. Pueden ver ustedes cualquier encuesta del CIS. Criticamos a los políticos en tertulias de salón pero no nos relacionamos con nuestro ayuntamiento. Solo nos damos cuenta de que existen cuando la situación general de nuestra vida se torna trágica. Y es natural, claro que si…pero no podemos pretender recuperar ahora un rigor y una confianza por la que dejamos de velar hace años, cuando empezábamos a vivir bien y, en algunos casos, por encima de nuestras posibilidades.
La conciencia política es algo que se lleva siempre. Para bien o para mal. Pero hay que ejercitarla más allá de ver las noticias. ¡Qué bien hicieron los griegos en su momento eligiendo los cargos de la poleis por sorteo, obligando a todos los ciudadanos preparados para ejercer cargos públicos! Para comprometerse con los ciudadanos. Claro que a más de uno le daría un infarto.
Para mi, quien se mete a política ahora es un valiente y no un chupafrascos. Alguien que sabe que le van a llover por todos los lados. Pero si yo lo hice porque tengo la esperanza de que, en la medida de mis posibilidades voy a cambiar las cosas, ¿Por qué no pensar que la gran mayoría los demás sienten lo mismo que yo? ¿Acaso todo lo que importa son los 110, la imagen de la Leire Pajín o la ley antitabaco? o, como he leído a una buena amiga en facebook, el problema de las pensiones, la dualidad del mercado laboral, la escasa diversificación de nuestra economía, la debilidad demostrada en algunos casos de nuestro Estado del Bienestar, la necesidad de mejorar la educación y la cultura de los niños y jóvenes …¿no son estos problemas más decisivos, profundos e importantes a largo plazo?
Por favor, soy joven, no me robéis la esperanza…

¿Y AHORA QUÉ?

Prepararos para un tochopost de los míos. No necesariamente pesado ni aburrido. Seguramente los compañeros que me lean se sentirán identificados con esto, otros no, es normal digo yo. Cada uno se toma la carrera de una manera diferente, cada uno escoge un camino: le gustan unas asignaturas, y transita despachos y departamentos distintos. Quienes me conocen, saben de mis gustos personales, mi manera de ser, mis despistes, el sentido del humor…en fin… y conocen una evolución claro.

No cantemos victoria ¡eh!. Estoy tranquilo por haber aprobado todo sin mayor problema. Pero la vida sigue y ser politólogo no te resuelve nada. Lo digo por toda esa gente que se ha quedado en el camino pero que tiene toda la vida por delante y muchas cosas a las que dedicarse y aprender. Sin embargo, no es poca mi satisfacción, todo el trabajo ha dado su fruto y por eso me siento feliz aunque ahora toca luchar mucho, pero con un espaldarazo importante que siempre da fuerza aunque el motivo de la lucha nada tenga que ver.

Hablando de evolución, 5 años dan para mucho. Yo creo, además, que transitar (ufff, que palabro para empezar) de los 18 a los 23 estudiando lo que te gusta, con personas con las que estás a gusto y viviendo experiencias nuevas de manera continua te hace madurar. En una etapa en la que estás sometido a la necesidad de crecer que quizá no impera tanto de los 38 o a los 43. No sé si reforma o ruptura, pero cambios ha habido, eso es innegable; lo que todavía no me atrevo a confirmar es si esos cambios tienen más que ver con lo personal, la madurez y la capacidad analítica que con la cantidad de conocimiento acumulado, que también ha sido mucho. Lo que pasa es que hace una semana, repasando con Marta mi expediente académico y mis notas, me di cuenta de que más del 50% de las asignaturas que había aprobado no me habían aportado mucho y del otro 50% había algunas que me decepcionaron. Para ser claro, solo en algunas asignaturas reconozco haber aprendido mucho: Historia, Sistema Político Español de 1º; Teorías y Formas Políticas de 2º; Sociología Política, Historia de los Movimientos Sociales, y el Nacionalismo Español en 3º; Sistemas Económicos de 4º junto con Constitucional; y este año…buff, este año sin duda Teoría Política Contemporánea. 70 créditos de 300, lo equivalente a 1 curso y una asignatura anual. No digo que lo demás no haya estado bien, en muchas de ellas he aprendido, pero me llevo un grato recuerdo de esas asignaturas.

He aprendido otras cosas interesantes:

Que los valencianos se ríen en las fallas de Camps pero luego le siguen votando. Quizá sea por que la crítica de quemar las figuras da la sensación de ahuyentar el problema. Antropología del Arte.

Que es muy importante cepillar la historia a contrapelo. Con Monedero en Teoría del Estado.

He visto a algún profesor adoptar posturas de seductor, lo cual puede que valga en un futuro para que me presten a mi atención. Hablo de Verstrynge, por supuesto.

Que los científicos sociales tienden a complicarse la vida inventándose términos de lo más liosos como “organizacional” y otros tantos que espero rememoréis en los comentarios de este post, pero que en este momento no recuerdo.

Que existe un virus o alguna parte del cerebro de algunos humanos que no les permite comprender lo que significa “No fumar” en la facultad. Claro, los carteles dicen “No fumar en la facultad” y ellos leen “asgasgwrgrthsdg en la facultad”. Y claro, ellos piensan…”Coño, si ya sé que estoy en la facultad…este Decano parece de Logroño…” (xDDD Calahorra Capital). Para quien se lo pregunte, yo fumo fuera de la facultad siempre, y la única vez que se me ocurrió fumar dentro me echaron bronca las trabajadoras de la limpieza y pasé demasiada vergüenza.

Que para cambiar asignaturas a veces tienes que visitar la secretaría sopesando factores: que el día esté soleado o nublado; el ciclo menstrual o el humor mañanero de la secretaria; su grado de magnanimidad… Y sobre todo, nunca te fíes de la sonrisa de una de las secretarias porque no está expresando que te vayan a hacer el favor de cambiarte de asignatura.

Que en esta vida no hay que ser agorero, fijarse tanto en el porcentaje de aprobados de un profe antes de matricularse…se aprende más con quien te exige…y total…hay quien suspende igual.

Que cuando pasa un curso sin ver una lechera de la Policía Nacional coincidiendo con la fiesta de la facultad acabas por echarles de menos y te gustaría que se liara por el morbillo del asunto, o al menos invitarles a tomar algo para que sientan ese día como suyo.

Frases y situaciones célebres:

1. “Buenos días a todos, están en clase de derecho constitucional español. Deben saber que aquí no se les va a regalar la nota y que su Profesor de Derecho Administrativo es un inepto. [silencio]….

Andaaaaaaaaa, una ardillaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, mirad, en ese árbol. ¡Qué Bonita!”

2. “Hoy voy a hablaros de la e-Administración”. Profesor que también imitó a una cobaya o conejo en clase.

3. Cuando brindábamos con Ruiz de Azua por la Constitución y el Día de Europa mientras pronunciaba aquella frase tan sabia “no sean ustedes periodistas”… y preguntaba “joven riojano, ¿cómo está el vino?”.

4. O cuando nos dio una clase sobre “nudos de corbata” con demostración incluída.

5. O cuando me hizo explicar por qué un jamón de pata negra podía simbolizar la carrera de políticas en la complu porque duraba 5 años.

6. Aquella chica que preguntó aquello de cómo habían pasado un cable por todo el océano atlántico en clase de Derecho Internacional Público.

7. …..

Cualquier cosa que queráis añadir bienvenido será. No cabe la menor duda que en estos 5 años han pasado muchas cosas y que acordarse de todo es complicado.

Porque han sido 5 años para aprender sobre la vida y la muerte. Pareja, nuevos amigos, la boda de Enrique, la todavía no boda de Eduardo, alguna ruptura dolorosa, conflictos, pérdida de 1 de mis magníficos abuelos, algún que otro susto de salud, la entrada en política, y muy importante: mi primer sobrino, otra en camino y dos sobrinas 2ª….y es que la madurez de la que hablaba al principio no se aprende de las situaciones fáciles o de un pequeño conflicto sino de aquellas situaciones en las que de verdad te hacen sentir vulnerable, como me hizo entender mi buen amigo Jesús hace poco más de un mes. Es entonces cuando, al superar o ver la solución (la luz) del problema desechas lo que sobra y te quedas con lo elemental, con lo que de verdad importa y te concentras en tus objetivos y deberes. Sin ansiedades, sin excesos y tomándote la vida de otra manera. Fue mi padre quien, muy pronto, me hizo darme cuenta de esto con aquellas conversaciones telefónicas elementales cada cierto tiempo que se podían resumir de la siguiente manera:

Hijo, ¿como estás?

Bien, Papá.

¿Cumples con tu deber?

Si.

¿Te deslumbras las luces de Madrid?

No…

Vale hijo, pues sé feliz.

Gracias Padre, un beso.

Y es que, educarse, como dice mi madre, es algo más que instruirse, porque implica todo lo que como persona puedes ofrecer, demostrando tus verdaderos valores. Eso es lo que nos permite pensar que estaremos toda la vida aprendiendo…porque las situaciones comprometidas y difíciles, esas que nos hacen sentir vulnerables, nos enfrentan a nosotros mismos y a nuestra capacidad de aprender algo de la adversidad, o de sacar algo positivo a cada situación de la vida. En estos años creo que he aprovechado el tiempo tomándome la vida de esta manera y creo que esa es la herencia con más valor, algo que sin duda se lo debo a mi familia.

Porque aprendes de todos y cada uno de ellos. Dicen que ser politólogo te prepara para comprender de manera genérica pero muy ácida la realidad, toda la realidad. Eres de esas personas que sabe un poco de todo y apenas nada de algunas cosas en concreto, pero al que le han obligado a observar tanto que es capaz de discernir con relativa facilidad el camino que deben llevar las cosas. Aprendes hasta de los silencios.

Y es que ahora comienza otra continua evolución: la de la experiencia. Porque la Universidad solo es parte de una etapa de toda una vida. Si contamos que son las situaciones vulnerables las que nos hacen aprender y no solo acumular conocimiento teórico estaremos más abiertos a observar lo que pasa a nuestro alrededor cuando se nos plantean problemas económicos, de salud, familiares, o problemas con amistades y amores. No se si estáis conmigo y con este espíritu positivo, quizá en los tiempos que corren no se lleva mucho eso de ser optimista, pensar que si uno quiere puede y que la voluntad mueve montañas, aunque no siempre huelan bien. Lo importante no es conseguir lo que te propones: probablemente mis padres no nacieron sabiendo que acabarían en Benicarló, ni mucho menos mis hermanos pensaron que se casarían y tendrían un Gonzalo magnífico, ni mi hermano mediano que sin poseer un título superior iba a poder seguir desarrollándose, aprendiendo de su oficio y acabar siendo jefe de obra. El tiempo te pone en situaciones complicadas y nunca dejas de tener que buscarte la vida y de aprender a cómo salir de las adversidades. Positivo y optimista ante las dificultades, ese es el camino que con fuerza debemos transitar a partir de ahora.

No quiero poner a nadie por encima de otros, cada persona que he tenido cerca durante estos años ha sido importante en algún sentido, incluso para darme cuenta de cómo no quiero hacer las cosas, o como no quiero ser nunca. Aunque tiendo a acordarme siempre de lo positivo: Mis compañeras de piso y algunas que otras personas de facultad (Pedro, Marta, Iván, , Bea, Joseda, Alex – mi gran descubrimiento de 2009/10- Luis, Iara o Alberto y otros muchos) que se han convertido en amigos. Mis amigos de Villanueva (Borja, Alex, Beni, Lorena o Mónica…) gracias.

Quiero recordar a mi familia, y a mis buenos amigos, a mi mejor amigo… que me han escuchado siempre y me han dicho las cosas que no quería escuchar. Me ha dado más fuerza que nadie y no es casualidad que sacara peores notas cuando no estuvo tan cerca o que no tuviera la misma alegría y lucidez para vivir.

Y todos los que leáis esto, que me habéis acompañado durante más de un año de carrera, que es el tiempo que tiene el blog. A Cabaña, a Chema, IBE, a Raúl, a Elisa, a Fernando, a Pedro, seguramente a David aunque no comente, y a todos los que habéis comentado y os habéis molestado en leerme cuando escribo, sed conscientes de lo importante que son vuestras opiniones y el debate SERENO, EDUCADO Y CERTERO que me gusta tener con vosotros, por más que seáis sociatas o no, jóvenes, viejecitos o solamente maduritos….todo eso no importa, lo que importa es crear un blog donde haya más soluciones que problemas y donde me ayudéis a tomarme la vida de esta manera para que sea un sitio donde todos podamos aprender un poquito.

Jesucristo, Alá, Budha, Matusalén….la Virgen y todos los santos.

Ya son 5 las jóvenes españolas de origen marroquí que se han solidarizado con la joven Najwa Malha a la que se le impide acudir a clase en un Instituto de Pozuelo de Alarcón por llevar velo.
Yo entiendo su solidaridad, y es más, entiendo incluso que haya quien se atreva a cuestionar las normas sobre “libertad religiosa” de nuestro país, pues el intento de aconfesionalidad neutral que inspira la Constitución no ha servido para dar una respuesta a los problemas e interrogantes que plantean hoy en día sociedades multiculturales en las que conviven numerosas confesiones religiosas.
Doña Esperanza Aguirre ya ha dicho que “no se debe llevar velo al instituto”. Habrá toda una retaíla de cargos públicos conservadores y católicos que aplaudirán la norma como cosa lógica pues si pudieran, harían de España un Estado confesional. Pero también habrá liberales, republicanos o socialistas que sigan este argumento, convencidos de que España es un Estado laico en el que no cabe manifestación religiosa alguna. A esta gente habrá que recordarle que España es un Estado aconfesional que reconoce unas especiales relaciones con la Iglesia católica – apostólica y romana, para más INRI- a través de esos magníficos concordatos-tratados con el Estado Vaticano que gracias a la herencia de moderados, conservadores y franquistas, de siglos XIX y XX, disfrutamos como buenos creyentes que semos, y que ratificamos nada más iniciar nuestro periodo Constitucional.
Yo mismo soy partidario de un estado laico, en el que NINGUNA manifestación religiosa es posible en los colegios públicos, en el que la Iglesia Católica vaya perdiendo progresivamente todo el poder que todavía acumula en la educación y en la que ningún niño o niña tenga que comulgar con una determinada manera de entender la vida y el mundo que le rodea, si no quiere.
El problema de España entonces es el “si ellos pueden…yo ¿por qué no?”. Es decir, si yo voy a un cole en el que tengo un crucifijo encima de la pizarra, ¿por qué si tenemos un régimen constitucional que consagra la libertad religiosa como derecho fundamental, yo no puedo llevar ese velo a clase?. ¿Por qué unos símbolos se pueden mostrar y otros no?
Resulta que si las niñas persisten en su empeño para “buscarse problemas” -según el colegio de Pozuelo-, el Ayuntamiento le facilitará la asistencia a otro centro donde no exista una norma que prohiba cubrirse la cabeza con ninguna prenda, sea aquella o no de carácter religioso. Pero, ¿y si dejáramos a los padres de todos los niños y niñas elegir colegio en función de esta variable?, ¿por qué no incluir otras como la obesidad, ser celiaco, la orientación sexual o mejor: ser hijo de padres separados?, ¿y por qué no tener pene o vagina?, ¿y mis gustos culinarios? O igual queremos volver a la disgregación entre personas que son, en lo esencial libres e iguales. ¿Acaso el artículo 14 de la Constitución no dice que somos todos iguales ante la ley? Si tenemos que crear un colegio para cada circunstancia y conciencia moral el déficit del 11,2% me parece una maravilla.
Yo, en este caso seguiré siendo progre, pensando en una educación pública e inclusiva, en la que cabemos todos con independencia del sexo, raza, religión, orientación sexual. En valores como la multiculturalidad, el respeto, la tolerancia y la integración. La Ley sobre Libertad religiosa es necesaria para atajar estas situaciones, y no debemos tardar demasiado en sacarla adelante. Así estas cosas quedarían meridianamente claras de antemano.

Historias de las dos Españas.

Podría decirse que la política en España no pasa por sus mejores momentos. El sistema parlamentario, herramienta útil para discutir y dar solución a los problemas del país se ha convertido más que en un activo anticrisis en un campo de batalla campal que lastra las posibilidades de acción política contra la recesión. “Los Grupos Parlamentarios critican al Gobierno que rebaje su plan anticrisis” dice hoy EL PAIS.com. Tienen razón en dos ámbitos, en primer lugar en lo que tiene que ver con los ordenadores portátiles a los alumnos y en la retirada de apoyo a la reforma laboral. Sin embargo, el resto de medidas quedan postergadas a las negociaciones de futuras leyes, que tardarán más todavía en ejecutarse y mientras tanto pagan los ciudadanos. Los ciudadanos estamos cada vez más desamparados ante la crisis.

Ha llegado un momento en el que el discurso de nuestros políticos es solamente lo “oficial”, algo que nada tiene que ver con las necesidades “reales” de la sociedad. Todo queda postergado, los anuncios se descafeinan a los 3 días y el compromiso de acuerdo de los grupos parlamentarias dura lo que una gota de agua en ser absorbida en el desierto. De nuevo expongo mi tesis de irresponsabilidad de la oposición que critica al Gobierno haber rebajado sus planes anticrisis sin apenas haberse acercado a la simple idea de un gran pacto por un nuevo modelo de crecimiento, algo necesario, algo que implica muchas reformas y de las cuales pueden sacar tajada y aportar un granito de arena. Estamos ante el Gobierno del “buenismo” y del talante, sin embargo, después de llevar meses demostrando la soledad del Gobierno, el debate sobre el estado de la nación y las resoluciones del Congreso hubieran sido el mejor escenario para mostrar algo de unidad y confianza. Si el Gobierno está tan debil ¿Por qué nadie se atreve a forzarle a pactar grandes mayorías? Fue lamentable ver la semana pasada como todos los grupos barrían para casa, ante algunos ciudadanos estupefactos que esperan de allí un gran pacto. Ningún partido de la oposición se a achantado, nadie ha dado su brazo a torcer y así, necesariamente las medidas prometidas se quedan en agua  de borrajas.
Pero olvidémonos de eso. No hay pactos ni los va a haber, y lo que en realidad comienza a aflorar es un discurso parecido al de las dos españas que Ortega señalaba en su época. “Dos Españas señores, están trabadas en una lucha incesante”. Una era la que aspiraba a cambiar las cosas, inmersa en la sociedad civil y apartada del poder por la otra, encarnada en la oligarquía dominante, conservadora y moribunda. Son la España “real” y la “oficial” de Joaquín Costa. La que sufre y la que observa desde sus escaños impasible como sus retrasos, su falta de compromiso y su irresponsabilidad afectan de manera impune al ciudadano.