Nos piden que lo hagamos

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Aquellos que militamos en partidos políticos perdemos demasiado tiempo en elaborar argumentos que salven nuestros posicionamientos o nuestras decisiones. Y no digamos el precioso tiempo que perdemos en atacar al rival solamente por sacar tajada. No aprovechamos el tiempo suficiente en dar respuesta a los problemas de la gente.

Nos piden justamente lo contrario. Hagamos más y digamos menos. Seamos ejemplo. Las palabras se las lleva el viento y los actos pueden desmentir, de un plumazo, aquellas tesis que con tanta laboriosidad hemos tejido para defendernos de los ataques que recibimos.

El caso más palmario se ha producido esta semana a cuenta de las “tarjetas fantasma” de Caja Madrid y Bankia. Por si alguien todavía no se ha enterado, el asunto es que los miembros del Consejo de Administración de Caja Madrid, y después de Bankia, consumieron 15 millones de euros en gastos de representación, gracias a unas tarjetas de crédito ilimitado. Los consejeros eran nombrados por las autoridades políticas y agentes sociales. Es decir: partidos, sindicatos y patronal. El asunto es grave y por si solo debería conllevar responsabilidades políticas. Ojalá quedara ahí. Además, solo en el último mes, antes del rescate de Bankia -22.000 millones de €-, se gastaron 4 millones de euros. Claro, para lo que les quedaba en el convento… Pero es que resulta que esos gastos no eran reconocidos como parte de las retribución del consejero de turno, sino que eran achacados a un “error informático”, presuntamente de forma deliberada. Solo escribirlo da asco.

¿Cómo van a confiar los ciudadanos en la política? ¿Cómo es posible pedir el voto para transformar, honestamente, la realidad de crisis que nos acucia? ¿Acaso acataríamos de buena gana decisiones de recorte de derechos laborales producidas en un hipotetico diálogo entre patronal y sindicatos? ¿O mediante un pacto de Estado entre las fuerzas políticas? Cualquiera se sonrojaría al pensar que a ellos les afectaría igual esa hipotética reforma.

Ahora se destapan los que en verdad han vivido por encima de nuestras posibilidades. Y los ciudadanos, que son los paganos de toda esta situación, que con sus impuestos rescataron Bankia, mientras perdían sus viviendas, mientras eran estafados con preferentes… nos piden que lo hagamos. Que hagamos lo justo.

Estos días saltaba también la noticia de que Rubalcaba devolvió su tarjeta de crédito de gastos de representación del PSOE sin estrenar. Y yo me he sentido orgulloso de ello. Pues bien: preservemos aquello que nos genera orgullo. No podemos mantener en el mismo barco a quienes nos sacan una sonrisa y a quienes nos provocan arcadas. Nos piden que hagamos lo justo. Nos piden que lo hagamos. Nos piden, a fin de cuentas, no solo que digamos que los vamos a expulsar. Eso está muy bien. Pero es que, sabiendo o sin saber, han sido cómplices de una corruptela.

Por favor, nos piden que los expulsemos del partido. Desde ayer. Hagámoslo.

Tanto si la quieres como si no: el Referéndum es bueno para la Monarquía.

Cuando Juan Carlos de Borbón fue nombrado sucesor le hicieron un regalo envenenado. Sería Rey de España por la gracia de Franco. Nos guste o no este argumento, no deja de ser la realidad.

También es realidad, nos guste o no, que durante la transición, el Rey se encargó de hacer algo, lo que unos llaman un gesto de generosidad, y otros consideramos que era un deber histórico ineludible: posibilitar e incluso fomentar la instauración de un sistema democrático en España. Hacer simplemente a las personas, protagonistas de su futuro. Más o menos como el resto de espejos en quienes entonces España se miraba. Lo que entonces significaba Europa.

Sin embargo, aun con la Constitución aprobada y un par de elecciones generales celebradas, no todos reconocían al Rey como la figura esencial de ese cambio político. Suárez, Carrillo, Fraga, González, Blas Piñar…, otras eran las figuras que, para bien o para mal, acaparaban las miradas.

Desde un punto de vista jurídico- legal podría decirse que la Monarquía fue legitimada en el referendum constitucional. Pero también podría argumentarse, en este punto, que las circunstancias difíciles de esta etapa histórica determinaron que no se plantease decididamente, durante el proceso de elaboración de la Constitución, la cuestión sobre cuál debía ser la forma de la jefatura del Estado. Tan solo el PSOE emitió su voto particular y simbólico a favor de la República, toda vez que el PCE tuvo que pactar con Suárez unas clausulas para su legalización en las que se especificaba la necesidad de acatar la Monarquía para dar estabilidad al nuevo régimen democrático. Hay varios refranes que podrían ejemplarizar aquellas circunstancias: menos da una piedra; o más vale párajo en mano que ciento volando.

Así fue como las fuerzas mayoritarias de la izquierda política aceptaron la Monarquía en 1978. Ahora bien, durante aquellos años y bajo las élites políticas, muchos ciudadanos de la derecha autoritaria nunca perdonaron al Rey haberse desecho del régimen franquista. Muchos militantes de la izquierda comunista nunca perdonaron a Carrillo tan enorme cesión programática. Muchos militantes del PSOE tampoco comprendieron las buenas relaciones del partido con el Rey. En 1981, muchos empezaban a asociar al Rey con el denostado Suárez.

Todo cambió el 23 de Febrero de aquel año. Ese día el Rey apareció como salvador de un régimen político acuciado por el llamado desencanto, y sirvió para reafirmar en la conciencia de millones de españoles el valor de la democracia. No me refiero a esos españoles enórmemente politizados y activos. Hay otros millones de españoles que simplemente requerían de la transición un paso de un régimen a otro en orden y estabilidad. El significado de un Rey y de una Monarquía en semejante momento no podía ser más apropiado. Y aquí se formó un mito en su primera acepción. El rey protagonista de verdad. El rey heroe. El rey salvador. ¿Cómo podíamos haber llamado al Rey cobarde cuando nombró a Suárez? El rey ya era de todos los españoles.

Juan Carlos, cuya legitimidad legal estuvo condicionada por elementos contextuales e históricos innegables, alcanzó entonces una legitimidad carismática que ha posibilitado que una mayoría de personas se declaren, antes que monárquicas, juancarlistas. Tanto es así, que ese argumento, junto con un patriotismo constitucional bastante extendido, han suplido de una forma eficiente los cuestionamientos de legitimidad de origen a la Monarquía. Esto, repetido hasta la saciedad, también es una realidad.

Sin embargo, los últimos acontecimientos relacionados con la familia real conocidos han afeado un reinado que se prometía como el mejor de un Borbón en la historia de España. El cambio social derivado de los años de prosperidad, los avances en la comunicación a través de las nuevas teconologías o la pérdida del respeto histórico de buena parte del periodismo hacia la privacidad de gran parte de la familia real ya eran retos importantes con los que la Corona se enfrentaba. Pero los efectos de la crisis económica, social y política; el incidente de Bostwana; y, sobre todo, las salpicaduras de la corrupción hasta la infanta Cristina… Ha sido demasiado. La Monarquía sacaba una valoración de 3,7 en la última encuesta del CIS. Impensable hace un lustro.

Todos estos hechos han levantado ampollas en muchos sectores de la población que, lógicamente, se han preguntado por la utilidad del Rey cuando la gente lo pasa mal. Aunque sepamos que el Rey reina pero no gobierna, algunos le han pedido mayor involucración para conseguir acuerdos. Otros se han fijado en su posición opaca y de privilegio. La cuestión es que el Rey y sus asesores comprendieron, aunque tarde, que aunque su función sea más bien simbólica, no hay ejemplo que peor y más rápido caiga que un mito.

La caida de ese mito, para una buena parte de la sociedad, ha destapado las cuestiones de legitimidad de origen. Eso imposibilita un debate sosegado y sereno sobre la utilidad pasada, presente y futura de la Monarquía. ¿Es cierto que fue nombrado por Franco? ¿Es cierto que, por activa o por pasiva, hoy somos una democracia liberal homologable? ¿Es cierto que su legitimidad procede más de su carisma que de lo que pone en la Constitución? ¿Es cierto que hay más juancarlistas que monárquicos puros? Son preguntas demasiado fáciles para andar discutiendo.

Hay alguna cosa más que es una realidad. La historia de España demuestra que tenemos la tendencia a agotar los modelos políticos. Los reyes no suelen abdicar salvo Pactos de Ostende (1866) o de San Sebastián (1930). Mueren en el trono.

Yo, que tiendo a pensar bien de la gente, podría interpretar este gesto como el último de un hombre generoso al que hay más que agradecerle que reprocharle. Y mi recomendación a Felipe VI es que tome ejemplo y, via petición al Presidente del Gobierno, convoque un referendum entre Monarquía o República. Si sale la primera, que es lo más probable, nunca nadie podrá volver a decir que la Monarquía en España no tiene legitimidad democrática de origen. Si sale República, tenemos una Constitución que permite su reforma.

¿Por qué pierde audiencia RTVE?

 

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No querer ver la realidad es pecado mortal. Entre otras cosas porque no querer verla implica, de primeras, no querer atajar los problemas que de ella se derivan. Pero en el caso de los medios de comunicación, que trabajan precísamente para hacerse eco de la misma, y transmitirla a los demás, con toda una serie de valores periodísticos que huelga ahora recalcar, es sencillamente un suicidio.

La pérdida masiva de espectadores de RTVE en los dos años de gobierno del PP es un hecho palmario, como demuestran los dos graficos que acompañan esta entrada. La audiencia general se ha desplomado desde niveles cercanos al 20%, a valores que ahora rondan el 13% pero que han llegado a ser inferiores al 10%. Esto significa que TVE ha perdido el liderazgo como medio de comunicación.

Puede que tenga que ver con el retraso series con gran audiencia como “Aguila Roja”, “Cuéntame cómo pasó” o “Isabel o “Los misterios de Laura”, que se tiraron en el cajón una buena cantidad de meses, desde que a principios de 2012 entrara el nuevo equipo directivo del PP. Puede que tenga que ver con la renuncia a las transmisiones de partidos de fútbol o de eventos históricamente retransmitidos por TVE como el Mundial de Motociclismo.

Pero hay dos elementos a los que hay que destacar, a mi modo de ver, como causas raices de la pérdida de audiencia y de prestigio de la cadena pública: por un lado, la sectaria forma de elegir a sus órganos directivos, tras los avances hechos en las dos legislaturas anteriores. Por otro lado, las denuncias que los propios trabajadores de RTVE hacen de manipulación y falta de seriedad informativa. Todo ello ha dado como consecuencia no solo la pérdida de audiencia general de la cadena, también la pérdida de audiencia de los informativos.

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Si bien es cierto que con la mayoría de cambios de gobierno, los telediarios de RTVE sufrieron pérdidas de audiencia y liderazgo, nunca dichas pérdidas fueron tan pronunciadas ni tan sostenidas en el tiempo. De este modo, los informativos de La 1 se han convertido en los terceros mientras que las cadenas privadas se frotan las manos, en el caso de la sexta con una subida considerable cercana al 50%.

Una de las mejores herencias que el PSOE dejó en este país fue una televisión pública prestigiosa, premiada en varios años consecutivos por su calidad informativa y de contenidos, con un consejo de administración pactado por los distintos grupos políticos, exenta de polémica, y sobre todo y ante todo, volcada en un servicio al ciudadano indispensable: contarle al ciudadano la realidad, sin aditivos.

Para llegar a Suárez

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Es curioso este mundo. Hace pocas horas que ha muerto Suárez: un Presidente del Gobierno importante en la memoria reciente de España que ha muerto sin recordar lo importante que fue su figura. Desde hace varios días, y en particular desde hace unas horas, desde el momento de su muerte, la televisión y otros medios de comunicación se encargan de recordárnoslo a nosotros: a los que vivieron su etapa y a los que no habíamos nacido.

Es importante, sin embargo, tener algo bien presente. En  la mayoría de ocasiones se ha contado la historia de nuestra transición política desde el punto de vista de las élites políticas, de los actores fundamentales. Y el relato oficial ha sido reproducido una y mil veces con objeto de conmemoraciones y efemérides de aquel proceso histórico hacia la democracia (que si Torcuato Fernández Miranda…que si el harakiri de las Cortes de Franco…). Pero a menudo nos olvidamos de la verdadera perspectiva de lo político.

Para llegar a Suárez primero hubo un fuerte movimiento estudiantil, que luchaba por la democracia y la libertad. Para llegar a Suárez, muchos empresarios vieron la utilidad de la democracia como parapeto para llegar a Europa; para llegar a Suárez las huelgas salieron de los polos industriales y se extendieron por el país; para llegar a Suárez tuvieron que estrellarse con Arias Navarro; para llegar a Suárez, Tarancón tuvo que pedir perdón ;para llegar Suárez se formaron juntas, plataformas y “platajuntas” de partidos políticos que luchaban por lo que consiguieron; para llegar a Suárez, Carrillo jugó al ratón con peluca; para llegar a Suárez aparecieron nuevos movimientos sociales antes desconocidos; para llegar a Suárez hubo que perder el miedo a posicionarse. Porque, para llegar a Suárez, hubo antes quienes provocaron un Suárez, el harakiri y otras tantas cosas.

Ahí se encuentra el mérito de Suárez y la verdadera perspectiva de lo político. La transición fue un momento exponencial de servicio público en el que Suárez elevó a “la categoría de normal, lo que en la calle es sencillamente normal”.

Cabe preguntarse sobre si Adolfo Suárez fue imprescindible para la transición. Si aquel proceso lo tomamos como un fin en si mismo, es evidente que, sin él, hoy no seríamos lo que somos. Es decir, no me olvido de la legalización de los partidos, ni de las amnistías, ni de las elecciones, ni de la ley para la reforma política, ni de la Constitución, ni de otros grandes logros de su mandato. Pero todo ello hay que ponerlo, también, en el debe de muchas personas. Pues no solo buenos carácteres y carismas hacen política.

Tomemos a partir de ahora la transición como un proceso colectivo de amplia movilización, plagado de incertidumbres, y que no dependía tan solo de 4 cabezas pensantes. En ese escenario la institución del Presidente del Gobierno se torna menos importante, se diluye entre mil variables. Y en ese momento Suárez brilla mucho más que otros, porque su cabeza no tuvo que rodar para que en España hubiera Constitución y una jovenzuela restauración de la democracia.

Cambios en la Conferencia Episcopal

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Parece que hay movimientos en la Iglesia española. Esta semana el secretario y portavoz de la Conferencia Episcopal de España (CEE), Martínez Camino, dirá adiós a su cargo y con ella los españoles nos despediremos de la cara que con más dureza ha criticado las leyes de gobiernos socialistas, o la inacción del gobierno del PP para acabar con ellas. En pocos meses será su todavía jefe, Antonio María Rouco Varela quien sea sustituído. Con esto, la Iglesia en España tiene una excelente oportunidad para con la sociedad.

Nadie duda precisamente de que la Iglesia española atraviesa un momento de gran desprestigio, paralelo a las instituciones civiles del país. Sin embargo, este binomio (crisis institucional – crisis eclesiástica) no siempre ha sido así. Durante el tardofranquismo y la Transición, si bien las instituciones de la dictadura atravesaban sus horas más bajas, la Conferencia Episcopal y su Presidente gozaban de una enorme popularidad entre una gran parte de los ciudadanos, especialmente entre los moderados, pero también entre aquellos que formaban parte activa de la oposición al régimen y ansiaban libertades y un sistema político democrático -y laico-. Esta buena imagen permitió que el entonces Cardenal Tarancón firmara unos concordatos treméndamente beneficiosos para la Iglesia, en un país que en su Constitución se declaraba “aconfesional”. Y es que históricamente, si tan solo juzgamos la popularidad y la imagen externa, a la Iglesia Católica siempre le ha ido mejor cuando no se ha mostrado extremista o ulramontana frente a la agenda social.

Por ello, estos tres meses que restan de cargo a Rouco Varela se presentan importantes. Según la prensa, el Papa Francisco quiere que los españoles puedan abandonar la reactividad que les producen las declaraciones de la Conferencia Episcopal. Parece dispuesto a centrarse más en la labor de beneficiencia y el servicio social, y menos en las disputas políticas o revisionismos históricos. Aun así, hay dudas de que el actual presidente vaya a dejar el camino libre sin  promocionar antes a un portavoz y secretario de su misma línea dura. Veremos.

Para terminar, lanzo la siguiente reflexión. La opacidad por la que pasa esta elección de nuevo Presidente, Secretario o Portavoz de la CEE entra en contradicción con las demandas de mayor transparencia de los procesos electivos en todo tipo de asociaciones, con independencia de su cercanía a las instituciones políticas y públicas. ¿Sería bueno para la Iglesia que sus cargos fueran elegidos entre los feligreses? ¿O aunque sea solo ante el clero? ¿No se obligarían los candidatos a dar la cara y a retratarse antes de enfrentarse a los poderes representativos? ¿No sería una buena forma de marcar la agenda y las prioridades de quienes son católicos? ¿Mejoraría entonces su cercanía? Es una suerte esto de que estén tan de moda las primarias…

Lo que dice un constructor sobre la ley hipotecaria

Como muchos sabréis, uno procede de familia de constructores. Mi abuelo lo era, mi padre también y mis hermanos se dedican activamente a ello. Pues bien, por ello mantengo algún contacto con otra gente que se dedica al mundo de la construcción y una de esas personas me mandó ayer un correo con su opinión sobre la práctica hipotecaria española que transcribo de forma íntegra:

“Hola Esteban:
 
He recibido del diario El Periódico una petición de firma para unirnos a que se paren los desaucios. Esta petición me ha hecho acordarme de algo que llevo pensando hace muchotiempo. Te explico la reflexión:
 
La Ley Hipotecaria de España prohibe hipotecar bienes por encima del 80%del precio de tasación ó del 80% de su precio real de venta(esto últimocreo que era una buena práctica bancaria). Los Bancos han concedido hipotecas de hasta más del 100% del precio deventa de una vivienda y de algún que otro inmueble. Lo que ocurre es quehan unido a la RESPONSABILIDAD HIPOTECARIA, LA RESPONSABILIDAD PERSONALILIMITADA del adquirente. 
 
Esto, con mi escaso entender jurídico creo que es una burla a la LEY HIPOTECARIA, porque la privan de todo sentido, ya que la RESPONSABILIDAD HIPOTECARIA debiera cubrir el 80% del precio de la vivienda. Si el banco quiere conceder créditos por importe superior al 80% del precio de la vivienda, estos importes debieran constar en una póliza de crédito personal diferente a la póliza del préstamo hipotecario.
 
Solamente esta práctica hubiera puesto una mayor transparencia en el sistema financiero y muchas personas no hubieran firmado los créditos personales ilimitados que conllevan la prácticas, desde mi punto de vista ilegales del banco, ya que la entidad bancaria tiene una cultura mucho más amplia al respecto que los solicitantes de las hipotecas. Por tanto todos los excesos de financiación superior al 80% del precio de venta de las viviendas debieran ser a cargo del Banco en todos los desahucios para empezar, como responsable de una mala praxis bancaria. Y cuando el Banco quiera conceder más del 80% del precio de tasación de lavivienda, estos importes los debiera de hacer en póliza de préstamo o crédito con responsabilidad personal. De esta manera el prestatario ya sabría lo que firma, porque te puedo asegurar que la mayor parte de la gente no ha tenido ni idea de la responsabilidad personal ilimitada que conlleva en España la firma de una hipoteca. 
 
Una (esta) buena praxis bancaria hubiera evitado que el mercado inmobiliario, especialmente de viviendas, se convirtiese en un sustituto de la bolsa (en un mercado especulativo), y también podría haber evitado el hundimiento del mismo y el consiguiente deterioro tan inmenso del mercado de trabajo. 
 
Ahora los bancos para sacar el producto inmobiliario extraordinario con el que se han encontrado tienen necesidad de ofrecer en hipoteca el 100% del precio de venta del mismo. Pues bien, aún así se debieran de hacer dos pólizas de préstamo, la correspondiente al crédito hipotecario y la correspondiente al crédito personal, y las responsabilidades quedarían más claras
¿Alguién le pondrá el cascabel al gato?”
 
Pues nada, ahí queda dicho. Yo personalmente, amen de otras propuestas encima de la mesa, creo que tiene bastante razón por cuanto devolvería la racionalidad que el mercado inmobiliario perdió con su burbuja.

¿Qué es el federalismo?

 
Ayer, en una entrevista en la Cadena SER, Alfredo Pérez Rubalcaba lanzaba una propuesta para desencallar el debate catalán sobre el pacto fiscal y la independencia de Cataluña: el federalismo.
 
Pero lo cierto es que quienes conozcan únicamente el federalismo así llamado –sin pelos en la lengua-  por su impacto en la historia de nuestro país pueden acabar alarmadas. No preocuparse. No se trata de crear el cantón de Cartagena y declarar la guerra a Murcia. Ahora bien, aunque el Federalismo no es igual en Suiza, Estados Unidos o Alemania, se pueden establecer algunas características comunes a todos esos modelos.  
 
Un Estado Federal se caracteriza por la existencia de los tres poderes del Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial)  tanto en la Federación como en los estados miembro, y su protección constitucional. Se trata de una forma de división territorial del poder que tiende a un equilibro competencialespecialmente en aquellos países de grandes dimensiones o que tienen en su seno identidades diversas. Es decir, es la unión de territorios que tienen características comunes y algunas peculiaridades: el tamaño, diferencias socioculturales, diferencias socioeconómicas y la cultura política.
 
Nuestro país es más ejemplo de lo segundo que de lo primero, si bien es cierto que países geográficamente más pequeños (Suiza, Austria, Alemania…) suponen un potente ejemplo de las ventajas del federalismo.
 
¿Cuáles son sus características más importantes?
 
      Por regla general se establece en sistemas políticos democráticos, el federalismo requiere la existencia de una Constituciónque establezca los derechos, libertades y deberes de los ciudadanos de toda la Federación y las identidades de los Estados miembro (en los Estados con existencia de identidades nacionales diversas).
 
      Es una forma de descentralización del poder. La Constitución establece las competencias de cada nivel político-territorial. La Federación mantiene las competencias exclusivas sobre la política exterior, de seguridad y defensa, los principios generales de la política económica, fiscal y monetaria, la administración superior de justicia…
 
Es muy similar al actual sistema de Comunidades Autónomas. 1) Puede ser asimétrico, en el que no todos los Estados tienen las mismas competencias (España actual) 2) o simétrico en el que todos los Estados tienen las mismas competencias (Alemania actual).
 
1) Puede ser un sistema competencial dual cuyo ejemplo es Estados Unidos en el que cada Estado mantiene competencias sobre determinados campos políticos y establece con el Estado Central una relación de estricta separación de poderes. 2) O puede ser un sistema competencial cooperativodonde, aun existiendo una división funcional de tareas entre Federación y Estados con la evolución del modelo la Federación ha ido estableciendo principios de coherencia y unidad administrativa entre las competencias de los Estados a cambio de voz y voto a los Estados en la toma de decisiones común de la federación. Este es el modelo de Alemania o Austria.
 
       Existencia de un Tribunal Constitucional fuerte, que tiene entre sus funciones defender la correcta distribución de competencias entre el Estado Federal y las federaciones y arbitrar los conflictos que puedan surgir a este respecto.
 
Por tanto, que a nadie le extrañe la salida federalista de ayer de Rubalcaba, en el programa electoral del PSOE para las elecciones de 2011 se decía lo siguiente:
 
“La cultura federal es el sistema de gobernanza multinivel que mejor responde a los desafíos en las sociedades complejas y democracias avanzadas, España no es una excepción. Pero no es sólo una técnica de descentralización, se trata de una filosofía política basada en el pacto y que supone un ejercicio de radicalidad democrática. Un pacto de convivencia que permite combinar autonomía política de las partes y el trabajo por un proyecto de unión donde todos ganan. […]Esto implica la potenciación de la Conferencia de Presidentes, las Conferencias Sectoriales y todos los marcos y mecanismos de colaboración institucional multilateral…”

La herencia recibida: necesitamos retorcer nuestra historia, otra vez.

La cuantificación tan absoluta de nuestros problemas como país está llevando a la ciudadanía a un estado de comprensible y lógica indignación ante el olvido de problemas que son esencialmente humanos. Pero también se conduce hacia la utilización de  un reaccionario ímpetu frente quienes tienen  la iniciativa para dar solución a los problemas colectivos que, a veces, parece complicado defender las ideas propias sin caer en la demagogia.
Cada día es más evidente que hemos convertido a la prima de riesgo, el déficit, las décimas de crecimiento o la inflación en nuestras mayores preocupaciones cuando la verdaderamente afectada es nuestra “madre” democracia, aquella que parió los años de mayor libertad y prosperidad que probablemente haya vivido éste nuestro país. Y es que la continua búsqueda de responsabilidades sobre la catástrofe, en los demás por supuesto, dificulta bastante la tarea conjunta de salir de la crisis con meridiana dignidad, es decir, sin dañar nuestro sistema de derechos y libertades. 
Muchos españoles de toda condición, pesimistas ellos, niegan ahora haber formado parte de esta España a punto de la zozobra a la cual critican por su sistema de partidos, por la corrupción, etc. Y es verdad, sería de idiotas negar que España se dirige camino de la ruina moral, económica y política. La crisis ha puesto de manifiesto el lastre de problemas acumulados durante este tiempo y de los cuales somos responsables todos los activos como país: los agentes económicos y sociales, el gobierno, la oposición, la banca, los partidos en general y también las personas, los ciudadanos de a pie. Y se me critica mucho por añadir este apéndice, pero su no consideración me parece lo más cercano a la desidia colectiva.
Todos hemos contribuido a este desenlace y sería de agradecer un debate serio y extendido sobre cómo hemos llegado hasta aquí. La conclusión a dicho debate debe ser el camino de las responsabilidades que todos tenemos ahora para salvar nuestro presente y el futuro alimentando una actitud nueva que nos devuelva la autoestima. 
Pienso que el ejemplo de esa nueva actitud hay que buscarlo en nuestra reciente historia. Creo que los Pactos de la Moncloa significaron, o al menos así lo dice la  mayoría de la literatura “de aquí y allá”, un paso importante en nuestra imagen como país. Nos desprendimos de los complejos para salir a flote sin que nos ayudaran más de lo necesario. La generación de mis padres se puso una meta, un reto generacional que ha funcionado, bien o mal, la friolera de 30 años. La lucha por alcanzar ese reto nos ha permitido a muchos jóvenes de ahora -y jóvenes entrados en edad- disfrutar de una sociedad de bienestar, con educación universal y gratuita en el peor de los casos, atención sanitaria para todos, pensiones garantizadas y demás prestaciones sociales. 
Ahora bien,  parece que la prosperidad relajó demasiado nuestra moral y nuestro compromiso social y político. Como si aquel reto hubiera agotado nuestras posibilidades creativas e innovadoras para dar salida a nuestra ahora declarada podredumbre, o a unas prácticas políticas, sociales y económicas corruptas que nunca llegaron a extinguirse. Parece que hubiéramos pensado que las cosas, aunque las uses mucho, no se estropean, como se estropea un electrodoméstico o un coche, o un organismo. A nosotros eso no nos podía pasar. Ahora que finalmente ha pasado acudimos a la “autodepredación”.
Y aquí estamos ahora. Buscando nuestro reto generacional. Desentrenados,  despistados entre herencias recibidas y trastos que arrojar mientras el camino hacia ese reto vuelve ser el mismo: sentarnos juntos a decidir hacia donde queremos caminar, manteniendo lo esencial, como si fueran nuestros primeros pasos, pero de la mano.

RTVE "a la Carta" del Gobierno

Televisión Española se ha convertido en un campo de batalla innecesario en el escenario político español. La Constitución Española garantiza a través del artículo 20 que la radio y la televisión públicas han de estar guiadas por el pluralismo, la veracidad y la accesibilidad de tal forma que se consiga crear una opinión pública formada. Digamos que la Constitución protege los derechos de información, expresión y acceso a la información necesarios para garantizar el mejor desarrollo de la vida democrática.
De este argumento general se deriva la definición de RTVE como un servicio público, que se debe al interés general de los ciudadanos. Dentro de estos intereses está por un lado la gestión eficiente de los recursos por aquellos que tienen la responsabilidad de dirigir la corporación y, paralelamente, por otro lado, la garantía de que dentro de los contenidos de RTVE han de verse insertados valores democráticos y libertades básicas como la de expresión, pero también intereses como la promoción e internacionalización de la cultura (de todas las culturas), la educación, el medio ambiente, los derechos del menor, etc. RTVE tiene que ser gestionada de forma eficaz pero sin dejar de cumplir su deber en una sociedad democrática como la española. Eso significa que lo de menos es la audiencia.
Todos estaban de acuerdo en lo fundamental cuando se acordó la carta magna y desde entonces nadie estuvo de acuerdo en el funcionamiento de RTVE: y todo por el dichoso poder. A todos los ejecutivos se les acusó de utilizar de forma partidista RTVE. Ya sabéis, la información es poder, y la cadena pública ha sido siempre, y de largo, líder de audiencia en los programas informativos. Todos se quejaban del PSOE con Felipe González, luego todos del PP con José María Aznar y luego el PP (los demás no) contra Zapatero. Victimismo y certeza a partes iguales, aunque está visto que Rajoy quiere retomar la unanimidad de la mala crítica.
En 2006 se aprobó una Ley que establecía un nuevo modelo para RTVE. En primer lugar se absorbía la deuda de casi 7.900 millones de € que acumulaba el organismo estatal,  y se asignaba una cantidad más o menos digna de los Presupuestos Generales del Estado; se realizó un plan de modernización ampliando canales temáticos (infantiles, deportivos, culturales, etc) de cara a la implantación del TDTy dando una vuelta de tuerca a la página web con el lanzamiento de la TV a la Carta, algo en lo que RTVE fue pionera frente a las privadas y que le ha valido más de un y de dos halagos, pero que en el fondo no era sino acompasar España, otra vez, con Europa.
Se estableció un estatuto para el Consejo de Administración en el que se regulaban los requisitos personales y curriculares de los consejeros, se creó un Consejo de Información independiente para velar por la imparcialidad y la veracidad en los informativos. Y lo más importante, tanto el Consejo de Administración como su Presidente tenían que ser elegidos por los 2/3 del Congreso = 231 diputados. Esto provocó que PSOE y PP pactaran dos Presidentes de RTVE que han tenido el honor de presidir una corporación que ganó en imagen, solvencia y prestigio. La herencia recibida, ya sabéis. 
Yo me pregunto…Si el modelo funciona y era reconocido por la sociedad… ¿Por qué se cambia la forma de elegir Presidente a tan solo mayoría absoluta? ¿Es por los mercados o por inseguridad partidista? Decenas de encuestas demuestran que RTVE ha dado un salto de calidad y aceptación social, hemos pasado de “Noche de fiesta” a “Aguila roja” o de “CE CE O O” a “59 segundos” y “Tengo una pregunta para usted”. Si los dos objetivos son gestionar eficazmente RTVE y garantizar la calidad del servicio público: ¿no será mejor un Consejo de Administración y un Presidente con la legitimidad de todos los grupos parlamentarios? Nos colocan a un desconocido con el único apoyo del PP.
Pero los datos están ahí. Cuando lo de menos fue la audiencia, la audiencia no ha dudado en elegir a RTVE.

LA HORA DE LA VERDAD

España es un país democrático, que en su constitución establece los derechos y libertades de los que gozan sus ciudadanos, que han de verse acompañados de los valores dogmáticos de convivencia entre españoles garantizados por la ley y la justicia. En España reconocemos por la Constitución la economía de mercado como una herramienta de progreso, pero siempre y cuando se respeten unos límites establecidos en el Capítulo III del Título I de la Constitución sobre la política social y económica y desarrollada en leyes.
A grandes rasgos, éste es el modelo de país que los españoles decidieron apoyar en 1978, un camino por el que transitar de una dictadura a una democracia y para algunos, con modificaciones urgentes, sigue siendo un camino loable y una herencia reconocible.
Durante los años de democracia España ha dado lugar a hitos importantísimos en su historia contemporánea: ha construido un sistema educativo universal y obligatorio, una sanidad universal y gratuita, un sistema público de pensiones. Además, alrededor de todos estos sistemas toda una serie de prestaciones que permiten a los ciudadanos acceder a unos mínimos recursos en los que apoyarse para lograr las mismas oportunidades que aquellos que tuvieron la suerte de nacer en familias más adineradas (Ayudas, subvenciones, becas, ayudas a la dependencia, etc). Y todo ello dentro de una inserción en Europa que nos ha hecho más libres, más ricos y más fuertes. La otra cara de la moneda es que para sostenerlo tenemos que pagar impuestos: lo bueno es que ahora, a diferencia de los años 50, tenemos un sistema fiscal más progresivo que hace pagar más a quien más renta tiene, a quien obtiene beneficios, a quien más capacidad de compra ejercita…etc.
Se han cometido errores, pero ahora no estamos para fustigarnos. Ahora tenemos todo que defender y a la vez mucho que ganar y que perder. Toca explicarnos a los españoles que nos equivocamos cuando accedimos a pensar que podíamos sostener el modelo pagando una menor proporción de nuestras ganancias. Toca explicarnos que en tiempos de bonanza no éramos más ricos porque nos comprábamos casas, coches y vacaciones con las que hasta hace 15 años ni soñábamos, sino más pobres  porque lo hacíamos endeudados y que es precisamente eso lo que estamos pagando ahora.
Estoy convencido de que si preguntamos a la gente si quiere una sanidad universal y gratuita dirá que sí;  si quiere un sistema educativo universal, gratuito y obligatorio; si quiere un sistema público de pensiones…a todo ello dirá que sí. No tengo tan claro que diga que sí a pagar los impuestos necesarios para sostener esos sistemas sin estrés. Y este es un trauma cultural que nos costará tiempo superar sino renovamos el pacto para reconstruir un modelo de convivencia en el que queden claros los beneficios y los costes o, lo que en política se llama derechos y deberes.
Dejemos claro qué país queremos, el de los 545 puntos básicos de prima de riesgo, sin acuerdos, sin pactos, sin convivencia, de los balones fuera y la irresponsabilidad. O el país responsable, seguro de sí mismo, que defiende su modelo de convivencia, con rumbo fijo y consensuado, que hace de verdad sus deberes. Es urgente no caer en el desastre.
Siempre se ha dicho que existen dos Españas: “una España muerta, hueca y carcomida, y otra nueva, afanosa, aspirante y que tiende hacia la vida” (Ortega). Yo vivo en medio de las dos, con ganas de repetir la victoria de la segunda.

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Hoy hay que leer…
http://elpais.com/elpais/2012/05/31/opinion/1338475092_453958.html