Camino de Santiago: FIN

Pedrouzo- Santiago de Compostela.

19 km.

Si alguien me pregunta si quiero volver a hacer algún día el camino de Santiago le contestaría que “!de cabeza!”. Y fijo que no soy el único, aunque por diversos motivos. Más de uno por que le gustó la experiencia,  y algunos otros porque seguramente después de cómo acabaron sus pies, quizá se aventuren a probar con otra extremidad de su cuerpo, a ver si así hay más suerte.

La última etapa fue prácticamente nocturna. Nos levantamos a las 3 y media de la mañana, batiendo récords. Nuestro objetivo era ver amanecer en el famoso Monte do Gozo. Y Santiago de Compostela no decepcionó dado que, fiel a lo que acostumbra en el 90% de los días del año, dieron las 7.48h con el cielo encapotado. En Monte do Gozo, fotos de rigor y desayuno, necesario después de más de cuatro horas con un mínimo bollo de chocolate.

Tan solo quedaban 4,7 km hasta la meta, que ya divisábamos en el horizonte. Se estaba acabando una experiencia, probablemente la más intensa de las que haya vivido en varios años. Mientras entraba a Santiago notaba como las piernas se soltaban, los dolores empezaban a desaparecer. Parecía como si el cuerpo estuviera dejando todo el espacio posible para que ningún estímulo pudiera entorpecer las sensaciones de llegada a la meta. 130 km para algunos (6 días), 150 para Alex y Borja (7), que culminaron cuando llegamos a la plaza del Obradoiro, siguiendo el camino, ignorando deliberadamente por un minuto que la catedral se hallaba a nuestras espaldas. Y por fin: “3, 2, 1, ¡ya!”: de frente: nuestra meta.

Ese minuto previo sirvió para recordar todo aquello que habíamos vivido. La agonía para llegar a Triacastela; los momentos de más fortaleza; los momentos de debilidad; los pequeños dolores en mi caso; los momentos de rabia en los que la meta diaria no llegaba; la piscina de Palas de Rey; los albergues públicos; nosotros; Yago; Borja; Piki…

Es difícil condensar en un par de párrafos lo que tengo que agradecer al Camino de Santiago. A mi particularmente me ha permitido recordar que soy una persona fuerte y perseverante, que no se rinde, que cuando se propone algo lo consigue, por muchas vueltas y encrucijadas en las que me vea envuelto hasta alcanzarlo.

Pero sobre todo me ha servido para conocer a personas magníficas, diferentes, con una hospitalidad y una mentalidad envidiable (amén de una capacidad para metabolizar el “licork” digna de estudio) que han demostrado ser unos insustituibles compañeros de camino. Lo que más me gusta de haber llegado todos juntos a la meta es que nunca llegamos a proponerlo de forma abierta. Fue natural y espontáneo: como las amistades de la infancia. La naturalidad y la espontaneidad permite liberarse de miedos, prejuicios, expectativas y parapetos absurdos que complican nuestras vidas y empobrecen las relaciones humanas. Por ello, los frutos de esa liberación, con nombres propios, además de todo lo que hemos vivido juntos, merece perdurar mucho tiempo.

Gracias a todos, y hasta pronto Camino de Santiago.

Anuncios

Camino de Santiago: Día 6

Ribadiso- O Pedrouzo
Unos 22 kilómetros.

Una etapa relativamente fácil se ha convertido hoy en un lío de cuidado. Caminos pedregosos, asfaltados y de arena. Un mix con subidas y bajadas leves pero continuadas con algún tramo llano más largo.

A mi francamente se me ha hecho eterna. Algo parecido a Piki y a Sergio, que me han acompañado la mayor parte del camino. A quienes seguro que se les hizo un poco más larga fue a Alex y Borja, porque emocionados ellos se pasaron del albergue y mañana llevarán algún kilómetro de menos, aunque de más para hoy, que no es poco. Aquí estamos durmiendo ya para afrontar un anochecer en Monte de Gozo, previo madrugón.

A otros como a Iago y a Bea les ha servido para reencontrarse un poco con esto del camino, demostrando que son peleones y que las ampollas duelen, pero no tanto como para abandonar.

Todos nos acabamos encontrando. Pero hay que decir que el camino iguala a todos para lo bueno y para lo malo. Todos nos cagamos en la mochila, en la hora en que metimos tantos nidos, en quien te dijo que la esterilla servía para algo mas que jugar a las cartas. Todos hemos querido en algún momento mandar a la mierda semejante caminata y paliza. “¿Qué cojones hago aquí?”, te preguntas. Y acabas a carcajadas como les paso a Sergio y Bea de Palas de Rey.

Jurando en un camino de peregrinos te encuentras, y resulta que para cuando te das cuenta ya estas a pocos kilómetros de Santiago: descojonado en varios sentidos. Ya veremos si cuando mañana echemos la vista por primera vez al objetivo hay sonrisas o lágrimas.

¿Alguien apuesta?

Camino de Santiago: Dia 5

Palas de Rey- Rivadiso
27 km

Etapa reina. La más larga. La más dura. Con cuestas interminables y bajadas empinadas.

El día empezó muy bien y esta acabando bien. Con muy buen rollo. Hemos compartido la etapa con David (alias Piki), Yago y Borja. Nuestros nuevos amigos. Eso si, el día ha estado plagado de dificultades. El terreno, sobre todo las ampollas de Yago y de Bea (quien quiera que pida la foto), pero también siguen resentidas las rodillas de Alex y Borja, a quien también acompañan algunas ampollas. Mi único problema son mis tendones, que al bajar me molestan los de la rodilla y después de acabar y parar los del tobillo derecho. De la espalda casi ni me acuerdo.

Pero ya no hay dolor. Queda poco y puede más el espíritu de autosuperación. Bea ha luchado con sus pies hasta que ya no ha podido más, Yago ha llegado poco después de Borja y yo. Alex y Sergio por detrás tras dejar atendida a Bea en un taxi, y Borja y yo hemos sido adelantadillos aunque hemos sufrido más que nunca tras una subida a un ritmo bestial. Pero había que llegar. Al final había premio y ninguno quería perdérselo.

¿Que cuál es ese premio? Un pedazo de albergue. Con un río en el que refrescar las piernas y una buena explanada con hierba. Me quedaba aquí una semana antes de ir a Santiago.

Ayer estuvimos hablando precisamente de momentos buenos que sacar de momentos malos; convivir con un problema y superarlo; de las experiencias de las personas que nos encontramos donde conoces gente que ha decidido bajarse del mundo; o de aquellos que tras vivir una mala experiencia personal o una tragedia de cualquier tipo decide dedicar su vida a andar o, lo mejor, dedicar su vida a los demás recorriendo lugares con lo puesto. Me dan envidia, porque que a su modo, como decía nuestro nuevo amigo Borja, ellos también comparten la idea de que las cosas, en nuestro pequeño entorno, pueden ser mejoradas en la medida de nuestras posibilidades.

En definitiva: ser mejores en todos los sentidos. Si quieres, puedes.

Camino de Santiago: Día 4.

Portomarín-Palas del Rey
24 km.

Un buen día. La etapa ha sido más larga pero las piernas responden y los dolores de espalda y gemelos se van mitigando aunque queda alguna molestia en el tobillo que trataré de mitigar esta noche. Supongo que mientras nos reciban pueblos con piscina tenemos alguna ventajilla. Un bañito, unos buenos estiramientos y a vivir el resto de la tarde.

Alex y Borja decidieron ayer hacer la etapa nocturna y se han levantado a las dos de la mañana. Les ha salido un perro ladrando y han salido por patas. Que pena no haber estado allí para verlo. Por lo demás nos han contado que la nocturnidad ha merecido la pena, especialmente con las llamadas “Lágrimas de San Lorenzo”, aunque con sol y nubes no se podía ver en todo su esplendor. Tampoco nosotros hemos visto muchas aunque hemos salido a las 6 de la mañana, también de noche, aunque lógicamente la etapa ha sido en su mayor parte de día. Hemos ido incrementando el ritmo y al final era hasta difícil seguir a los Gutiérrez con el turbo. Eso si, la primera subida a toda pastilla porque no queríamos quedarnos solos de noche y perdernos por el monte. Ya sabéis el dicho: “o nos perdemos todos o la …. al río” ¿no es así?

El camino tiene muchas cosas buenas. La cantidad de caminantes con los que te cruzas. Siempre solemos hablar con la gente pero hoy hemos hecho los primeros compañeros de albergue. Gallegos los tres (aunque un experto en acentos como yo ha perdido puntos de credibilidad confundiéndolo con un catalán. ¡Toma ya!) Nos han acompañado durante la piscina y la llegada al albergue, público por primera vez. Desde luego ya hemos cumplido uno de nuestros objetivos: hacer amigos. Aquí estamos tomando algo haciendo hora para la cena con una buena conversación.

Así que hoy escribo pronto y os dejo que tengo una buena conversación que disfrutar.

Camino de Santiago: Dia 3

Etapa 2
Sarria-Portomarin
22 km

Más de uno que lea esto sabe lo que es un día de resaca. De esos que te dejan huella. Pues no se puede comparar. Lo cierto es que a nosotros la segunda etapa nos ha dejado ya los primero achaques en la espalda y en los gemelos, y a mi mi primera ampolla, aunque sin importancia. Suerte que con dos podólogos como peregrinos tenemos asistencia garantizada, y de la buena. Así que con este servicio casi prefiero esto a una resaca.

La etapa ha sido menos bonita, aunque la llegada a Portomarin, rodeados de bosques ha sido muy atractiva. Eso si, hemos andado a mejor ritmo aunque el camino haya sido más largo.

Voy a aprovechar que he nombrado el tema de la asistencia para contaros un poquito nuestra rutina previa al descanso. Hoy hemos ido a una piscina pública que por un euro nos ha dejado un alivio que vale millones. Pero lo mejor ha venido cuando nos hemos ido a la cama. Hace un momento. Ahí ha empezado a rular de todo. Desde el San Ibuprofeno, hasta todo tipo de apósitos, gasas, fieltros, dobles pieles, omnifixes, el aloe vera y la crema antiinflamatoria. Ahora bien, lo mejor es esa crema fría relajante para las piernas que nos ha traído Sergio y con la que Bea nos masajea antes de dormir. No recuerdo ahora el nombre, pero lo que si os aseguro es que todo el albergue sabe como huele.
Al dato. Cuando hemos entrado a la habitación había una señora inglesa leyendo y cuando me he subido a la cama ya estaba KO. Es un olor a eucalipto de una profundidad tal, que si en este albergue ronca alguien esta noche será porque quiere.

De hecho nos vamos a dormir porque mañana nos levantamos más prontito y este olor empieza a hacer sus efectos…

Por cierto, decía Ramón y Cajal que “solo la alegría es garantía de salud y longevidad”. Así que ¡ALEGRÍA! ¡ALEGRÍA!

Camino de Santiago: Día 2

Etapa Triacastela-Sarria (Por San Xil)
18,6 km
Alguna ampolla chiquitita.

Ya hemos empezado a andar. Una etapa fácil y bonita. Mucha subida al principio. Pero como todo lo que sube, baja, genial. Y más si vas rodeado de bosque desde principio a fin. En las partes bajas niebla y en altura sol.

Naturaleza en estado puro. Pero puro puro. Babosas de “a kilo la pieza”, algún mosquito violador (aunque sin consecuencias) perros gruñones y vacas, muchas vacas, con su consiguiente rastro de “mierrrda” que nos ha acompañado la gran parte del camino. Pero como sabemos donde estamos y a lo que vamos yo le he encontrado todo su encanto. Además me ha recordado a los campamentos en Cantabria con mis hermanos y mis primos. En aquel matadero. Con aquellos sobaos y cajas de leche para por las noches, y esos recuentos de Edu que si quiere puede comentar él.

Molestias físicas típicas de llevar la mochila a cuestas y alguna pequeña ampolla para Bea. Pero nada que no se pueda remontar.

Mañana más y mejor.

Camino de Santiago: Día 1

“Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar
(…)
Caminante no hay camino,
Se hace camino al andar”

6 ciudades. 2 trenes. 3 autobuses. 3 taxis. 14 horas en total de viaje. Casi 26 desde que salí de mi casa para cenar con Sergio y Bea antes de enrolarnos definitivamente en la aventura de hacer el camino de Santiago.

Hoy ha sido un día duro. No os podéis imaginar la emoción que me ha inundado al llegar definitivamente a Triacastela. Después de perder torpemente un autobús por no fijarnos en la fecha, este 10 de agosto va a ser un día para recordar.

Mientras, Alex y Borja ya habían comenzado a andar. 31 km, alguna ampolla y las lógicas rozaduras . Dicen que hacer el Camino de Santiago es especial. A juzgar por la emoción al vernos por fin todos juntos después de semejante trajín tengo que darle la razón a quienes dicen tal cosa. Empezamos.

“Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.”