YO SÍ QUIERO EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANIA

Hoy se ha anunciado la intención del Gobierno de derechas de eliminar del currículum educativo la asignatura de Educación para la Ciudadanía y su sustitución por otra “más acorde a los contenidos Constitucionales y que no impida la libre elección de los padres por la educación de sus hijos”. Esta noticia la he acogido con estupor y rechazo, no solo porque ya existe una sentencia del Tribunal Supremo que niega esos argumentos; y tampoco solo porque fuera una petición de instituciones europeas ante la escasa formación en valores cívicos de la que adolecía el sistema educativo español. En realidad el rechazo ante de esta medida del Gobierno viene más marcada por la defensa de la asignatura tal y como estaba.

¿Por qué tal y como estaba? En primer lugar porque, quien haya leído o haya visto un libro de EpC no podrá encontrar en él ni un solo contenido que no fuera pactado con la totalidad de la comunidad educativa conformada en 2006, incluidos los colegios concertados católicos. En segundo lugar porque, tampoco se podían encontrar en los contenidos otros principios o valores que no estuvieran ya inmersos en la propia Constitución Española. ¿Acaso no enseñaba la asignatura que todos somos iguales ante la ley? ¿O que nadie debe sufrir discriminación por razón de su ideología, conciencia religiosa, raza, género u orientación sexual?

Es precisamente la sexualidad el tema que más rechazo generó en su momento. ¿Podían los colegios católicos aceptar la homosexualidad como un hecho normal? ¿Cometió el Gobierno un error consensuando dichos contenidos? ¿A quién debía adaptarse la ley: a la minoría social que todavía no concibe la existencia del hecho de la homosexualidad o a la mayoría social que es tolerante?

El Gobierno actuó con la máxima prudencia ante cualquier tema delicado y se encontró con una oposición política y social conservadora y católica que rechazaron la asignatura amparándose en que “era una materia para que las elecciones las ganara siempre el PSOE”, porque contenía poco menos que su ideario. Difundir esa opinión era la mejor manera que tenían y que encontraron para criminalizar la enseñanza de valores con los que, en realidad, pocas veces estuvieron de acuerdo. ¿Atención a la diversidad? ¿Derechos sociales? ¿Civismo? ¿Tolerancia? ¿Pluralismo? ¿Familias diversas? A estas alturas está claro que para la jerarquía, no todos somos hijos del señor.

Pero en realidad hay un motivo mucho más profundo para defender esta asignatura. ¿Qué es la calidad de la enseñanza? ¿Saber muchas matemáticas, muchas ciencias o mucha historia? ¿Se define la educación como el conjunto de materias impartidas durante las distintas etapas educativas? Considerar que la calidad de la enseñanza está relacionada únicamente con los resultados es un argumento tan manido y antiguo como erróneo y retrógrado. Cuando tenga hijos no quiero que sean unos tipos inteligentes sin valores humanos. Los valores que enseñaba esta asignatura eran tan útiles o más que utilizar las formas de cálculo con soltura. Cuando tenga hijos, además de que sepan valorar sus propios resultados, quieron que sepan relativizar los logros de sus compañeros atendiendo a que puedan tener dificultades en el estudio. Y si soy padre, tendré muy en cuenta aquellos centros donde haya un amplio número de profesores por alumno, que atiendan debidamente las necesidades de todos y cada uno a la vez que integran al conjunto. La calidad de la enseñanza está relacionada tanto con los resultados como con la metodología utilizada, así como con los valores del propio sistema y su asunción por parte de la comunidad educativa. Sin Educación para la Ciudadanía perdemos la única oportunidad que habíamos construido hasta ahora para vertebrar el sistema entorno a una educación útil gracias a aquellos valores cívicos que permiten el asentamiento de las democracias.

El pais de la reforma olvidada

Corria el año 2003 cuando todos en España sabíamos que se había desarrollado una burbuja inmobiliaria. Estaba en casi todos los diarios de la prensa escrita, en las columnas de los diarios digitales, en revistas especializadas. De hecho, muchos temieron que con la llegada del entonces nuevo gobierno socialista sus sueños de prosperidad crediticia se fueran al traste por las buenas intenciones de un gobierno que llegó tarde al desinfle de una de las causas que nos han llevado hasta esta nuestra crisis.

Durante años, aquel gobierno defendió una tesis de la que muchos seguimos siendo partidarios: cambiar el modelo productivo y hacer las reformas necesarias para que España construyera un sistema económico diversificado, cualificado, exportador aprovechando que la prosperidad de aquellos años había dado como fruto una generación de jóvenes especialmente bien preparada, informada y con un nivel adquisitivo creciente. Para ello era necesario ofrecer seguridad laboral a unos trabajos temporales y precarios excesivos, flexibilidad en los horarios para compaginar estudios y trabajo, incentivar la creatividad y la productividad de esos trabajadores con cualesquiera que fueran, entonces, los incentivos necesarios (incentivos que hasta cierto punto todavía desconozco).

Muchos reprobarán a este bloggero que efectivamente, aquel gobierno entrante tuvo 7 años y medio para mejorar las cosas y perdió su oportunidad. Sería tontería negar que el PSOE ha perdido las elecciones de manera abrumadora y no digo más. Sin embargo, además de la autocrítica necesaria, que brota últimamente hasta niveles cercanos al rubor colectivo, yo quiero rendir tributo a muchas de las iniciativas de aquel gobierno para mejorar las cosas, e incluso a sus resultados. Porque con aquel gobierno, más jóvenes de rentas bajas y medias disfrutaron de una ayuda para estudiar, contaron con una ayuda para emanciparse y formar un proyecto libre, tuvieron mejor acceso a fondos dedicados a I+D+i, vieron incrementado el Salario Mínimo Interprofesional, reconocidos sus derechos como becarios, entre ellos, cotizar a la seguridad social. Durante la crisis, las empresas españolas exportaron más de lo que importaron. Además de errores, se cometieron muchos aciertos.

¡Pero qué cosas digo! Se me olvidaba que Zapatero es el diablo y no solo causó sino que empeoró esta crisis, incluso cuando abandonó su objetivo primario (pero lento) de cambiar el modelo productivo optando por los recortes, promocionando además todos los desfases y desmanes de la administración que no estaban ya presentes en España. No. Eran parte del malévolo plan de Zapatero para destruir la falsa prosperidad con la que el PP nos había obsequiado durante 8 años de gobierno de Aznar.

Se conoce que todavía soy un soñador y sigo pensando que hay alternativas a la política hueca de estrategia económica protagonizada por el recorte.