UTOYA: "No somos tan distintos"

Lo del viernes pasado en Noruega todavía me tiene atormentado. Tengo ese preocupante deseo de volver a levantarme el viernes 22 de julio, ducharme, desayunar, bajar a trabajar y que ese día transcurra con absoluta normalidad. Y es verdad que todos los días mueren personas, a veces asesinadas, o enferman, o tienen accidentes… Pero no todos los días atacan a gente inocente de la forma que lo hicieron el pasado viernes en Oslo y en la isla noruega de Utoya.

No quiero dramatizar, pero cuando pienso en cómo han muerto esos chicos y chicas de las juventudes laboristas noruegas me acojono. ¿Qué daño hacían esas personas? ¿qué heridas produce pensar en un entorno distinto? En los últimos dos años he tenido la oportunidad de militar en las Juventudes Socialistas de España y he asistido a encuentros de compañeros con personalidades políticas y a más de un debate, y me desconsuela pensar que no importaría mucho lo que estuvieran hablando y discutiendo ese día los jóvenes laboristas, o si tenía cierto interés, porque ese mismo día un joven había trazado un plan para acabar con cuantos más de ellos mejor. Es probable que la situación recreada en mi mente estos días que más dolor me produzca es pensar que esa gente y yo no somos para nada tan distintos. Prueba de ello es el Festival Internacional de la internacional de jóvenes socialistas que se celebra esta semana en Austria, donde una delegación española acude a debatir a un campamento con personas de todos los países del mundo.

Y es que siendo verdad que, como es natural, podemos empatizar más o menos con quienes nos sentimos más identificados, no deja de ser cierto que en realidad el pensamiento de que no somos tan distintos tiene un significado tanto hacia los jóvenes socialistas noruegos como hacia el resto de personas con las que convives, incluyendo los asesinos. Solo las personas descorazonadas, desalmadas o atravesadas por el odio matan a sabiendas (y quien dice matar dice pegar, herir, insultar…). Mis ideas no tienen precio, ni siquiera la vida de mis enemigos, porque hay cosas que me hacen más feliz que discutir sobre ellas.

El que no sepa a qué tipo de cosas me refiero que se vaya preocupando.

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La Europa que no confía en si misma no prosperará

Los Estados Nacionales supusieron la creación de un ente monopolizador de la coacción que en la edad moderna estaba dispersa entre múltiples grupos de poder. Europa fue la pionera en la creación de los primeros grandes Estados modernos que unificaron el poder en manos de los monarcas absolutos primero y de los Estados liberales después. Desde esos Estados se extendieron leyes, libertades, desigualdades, opresión, problemas y soluciones. En cualquier caso se puede construir un relato más o menos nítido de la evolución del Estado desde sus inicios hasta la actualidad en la que se pueden percibir sus cambios de forma, especialmente desde las revoluciones liberales y con la gran transformación después de la segunda guerra mundial, cuando se alumbró lo que hoy conocemos como Estado de Bienestar.

Pero en los años 70, la historia de la organización política y del Estado comenzó a involucionar en algún caso. Si desde el siglo XIX los Estados habían ido acaparando poder con el fin de acabar con desigualdades y opresiones históricas, bajo un exagerado discurso neoliberal, el Estado comenzó a abandonar algunas de las tareas que con legitimidad se había impuesto. Y es que el Estado liberal es así, con la misma legitimidad que se pone funciones se las quita, siempre que haya leyes que se lo permitan.

El problema vino cuando la Ley, que entonces emanaban del pueblo/nación (no es lo mismo, pero no es el momento) comenzaron a estar supeditada a necesidades que no eran los de la población sino de aquellos que tenían dinero y que habían construido un espacio de perversa libertad especulativa: los mercados internacionales de capital. Cambiaron las élites. Aprovechando la crisis de los 70, dirigentes conservadores se hicieron con el poder en algunos países y comenzaron a desmantelar el Estado de Bienestar: Margaret Thatcher o Ronald Reagan son ejemplos bastante conocidos por todos.

En Europa llevábamos un camino distinto. Es verdad que los Estados de Bienestar se recortaron tras la crisis de los 70 y 90, pero la prosperidad de los últimos 15 años les había permitido en gran medida fortalecerse y recuperarse. Europa suponía un ejemplo de modelo social y político en el que las democracias funcionaban, eran efectivas, gozaban de legitimidad. Y con esa fuerza pudieron los Estados europeos construir, crisis tras crisis, una organización supranacional destinada a coordinar políticas públicas, abrir espacios de libertad, extender derechos de ciudadanía y unificar culturas enfrentadas desde hace décadas. La UE.

¿Y qué nos pasa ahora? Crisis tras crisis habíamos tenido la capacidad de ponernos de acuerdo para superar nuestros problemas en conjunto, e incluso lo logramos porque habíamos interiorizado que los problemas que nos acosan a los europeos eran problemas comunes que se solucionaban tomando conciencia de las responsabilidades compartidas que tenemos. Porque, objetivamente, nos ha ido mejor así que siendo el gran escenario de enfrentamientos que han derramado sangre por doquier. Y porque fruto de esos enfrentamientos parecíamos haber aprendido la lección de la historia que nos dio la receta para cuidar la democracia de los extremistas.

Tras la crisis, se ha extendido como la espuma la conciencia mediante la que culpamos a los responsables nacionales de lo ocurrido sin la suficiente amplitud de miras para exigirles que tomen en Europa las decisiones que pueden salvarnos del hoyo a un conjunto muy grande de ciudadanos y a generaciones jóvenes como la mía.

¿A estas alturas de la globalización sabemos que hemos liberalizado la economía hasta tal punto pero no sabemos que un Estado solo – solo de “soledad”- no puede con todo? Pues parece que no. Parece que si hay un problema con los inmigrantes que vienen de las revoluciones árabes cerramos fronteras por primera vez en la historia de la UE y cambiamos el Tratado de Schengen. Sabemos que si Grecia tiene un problema, Alemania se niega a poner en marcha medidas que doten de autonomía a la autoridad económica europea para protegernos del acoso del mercado.

Pues eso señores. Que ZP es muy malo, Rajoy es peor y todo esto. Que la clase política necesita un revulsivo y retomar un espíritu de lucidez y visión estratégica de Estado. Que si. Pero que, como dijo uno que todos conocemos, tenemos que pensar en construir un poder superior al del Estado para que el poder político pueda reconducir la dispersión del poder derivada de la desregulación económica. Y eso solo se hace creyendo en la política y demostrando su capacidad en Europa.

Ganar el futuro, con educación

En primer lugar, he de pedir disculpas por haber mantenido este blog sin funcionar durante dos meses. Yo creo que muchos quedamos ciertamente decepcionados por el resultado electoral y hemos permanecido algo dormidos en nuestros espacios personales porque no sabíamos muy bien dónde encontrar la inspiración. En los momentos difíciles es siempre recomendable rebuscar en el interior de uno mismo para ver si podemos volver a encontrar aquello que nos motiva. Yo siempre, desde que tengo recuerdo de conciencia política, me he considerado socialista pero nunca había tenido que enfrentarme a la desafección que supone participar directamente en unas elecciones y perderlas por más margen del predecible, del esperado o del directamente soportable.

De todos modos no penséis que he estado en casa deprimido, que va. Durante la campaña electoral tuve que compaginarla con mi primera inmersión en un aula de secundaria: una gran experiencia que me ha aportado dos conclusiones. 1. Que no es necesaria una reforma legal de ningún tipo puesto que con la normativa actual se pueden ofrecer más que de sobra las alternativas que necesita la educación pública. 2. Dichas alternativas pasan por una mayor formación y preparación del profesorado, por una parte; y por un aumento de los recursos materiales y humanos para atender a la diversidad existente en sociedades postmodernas como las nuestras. Todo ello fue plasmado en un Trabajo Final de Máster que comencé también una vez celebrados los comicios y que me ha llevado semanas, sudor y lágrimas.

El mundo de la educación es tan apasionante que da para grandes reflexiones. De hecho, el otro día tuve la oportunidad de asistir al acto de proclamación de Alfredo Pérez Rubalcaba como candidato a la Presidencia del Gobierno, y dijo cosas muy interesantes, reflexiones que se resumen en una extraída directamente de su discurso:

“Me vais a permitir que hable un poco de educación, que es lo mío.

La educación es mucho más, lo sabéis todos, que una política

horizontal. Es mucho más. Educación es casi todo; es política

económica, porque sólo creceremos si educamos; es política social,

porque la igualdad sigue dependiendo de la educación; es una

política laboral, porque sin educación difícilmente encuentras

trabajo; es hasta política exterior, porque es verdad que hoy los

intercambios educativos son los que hacen y fortalecen la relación

entre los países; es política cultural… es política a secas. Un sistema

educativo es lo que vertebra un país, lo que da fuerza a un país. La

educación es nuestro gran instrumento”.