La falacia del copago

Parece que somos los ciudadanos los responsables de que no existan fondos suficientes para financiar los servicios públicos básicos. Eso debe parecerle a Mr. Valcárcel que ayer se lanzó a decir que había que buscar métodos para financiar estas cosas, se entiende que compartidos entre administraciones y ciudadanos. Así, como quien no quiere la cosa, alentó el debate sobre la implantación del copago o la extensión del céntimo sanitario. Lo cierto es que yo ya no se si este tipo de cosas son meteduras de pata o comentarios que a alguno de nuestros políticos les gusta soltar para que quede un sedimento para el futuro. Total, aunque el partido me desautorice seguramente la posición queda marcada y la podemos rescatar. En mi cabeza queda la duda sobre si dicha desautorización es verdadera.
Para quien no esté informado sobre estos temas habría que explicar qué es el “copago” y el “céntimo sanitario”. El copago significa que el ciudadano paga -valga la redundancia- parte de los servicios prestados por el Estado haciéndose cargo éste de la otra parte. El céntimo sanitario es un “impuesto” de 1 o varios céntimos que se impone a los hidrocarburos para contribuir a la financiación de la sanidad pública. Ambas soluciones me parecen regresivas e injustas.
Y la verdad es que es fácil argumentar el por qué.
Se supone que el Estado del Bienestar significa, entre otras cosas, crear y redistribuir la riqueza a través de mecanismos de solidaridad tales como una política fiscal progresiva. Es decir, el predominio de impuestos sobre la renta que graven más aquellos que más rentas perciben. Pero claro, resulta que en los últimos tiempos la moda ha sido todo lo contrario, rebajar impuestos sobre la renta y elevar impuestos sobre el consumo. Con ello hemos ido atrofiando un mecanismo de solidaridad entre ciudadanos que ahora resulta que tenemos que recuperar a través del pago directo por servicios públicos de primera necesidad.
Hipócrita diría yo que es la palabra. Resulta que tenemos que pagar vía directa lo que no algunos no quieren pagar vía impuestos porque son, por decirlo para que se entienda, los que más tienen. ¿No será que el Mr. Varcárcel y su PP de Murcia defienden a los insolidarios?
Hay que reafirmarse como socialdemócratas y procurar un Estado fuerte, que posea los instrumentos ordenados y eficientes necesarios para que pueda hacerse cargo de los servicios públicos. Si conseguimos que se siga debilitando al Estado, en la futura crisis no es que lo vayamos a pasar igual, es que lo pasaremos peor.
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10 años sin Ley Internacional

Movido seguramente por los comentarios al último post del blog me gustaría expresar mi opinión sobre el papel de la ONU en los conflictos internacionales. Seré breve.
Creo que es sabido por todos que, desde hace años, la ONU se encuentra inmersa en una profunda crisis de legitimidad dada su incapacidad para adaptarse al nuevo equilibrio de poder internacional como consecuencia de la expansión económica, política y militar de países emergentes durante los últimos 15 años. A mi juicio por tres grandes circunstancias:
– El 11-S, la respuesta al 11-S, la Guerra de Irak y la división internacional ante una intervención militar que respondía a una doctrina (preventiva) que no podía ser aceptada por la mayoría de países. El fracaso de este tipo de iniciativas nos ha llevado a un escenario nuevo en el que la ONU ya no era imprescindible para acometer acciones unilaterales porque quienes detentan el mayor poder dentro del Consejo de Seguridad de la ONU, con poder de veto, tienen capacidad para manejar leyes internacionales a su antojo.
– Esto nos lleva al segundo punto. ¿Por qué si se han de cumplir una serie de resoluciones y otras no? El caso más sangrante es el del conflicto palestino. Irak entonces (años 90), Irán, Corea del Norte…, e incluso ahora Libia, han sido objeto de resoluciones duras y de mandatos ejecutados por los países occidentales. Israel nunca ha tenido que responder por sus actos y ha salido impune de matanzas que han estado a la luz de todos.
– Porque tampoco ha podido liderar un punto de no retorno sobre armamento nuclear. Sometida al predominio de potencias nucleares con poder de veto, la ONU se ha dedicado a sancionar a los países que desarrollaban programas nucleares sin advertir de que la contrapartida para el abandono de dichos programas es la aceleración del desarme nuclear por parte de Rusia, Estados Unidos, Francia, China y Gran Bretaña. Parecen dar la sensación de que, para poder actuar de forma unilateral hace falta tener la bomba.
¿Significa esto que debemos acabar con la ONU? NO, DE NINGUNA MANERA. Hay que reformarla. Yo sigo siendo partidario de la existencia de una Ley Internacional de obligado cumplimiento para todos. De que se respeten las normas, las resoluciones y las sanciones impuestas por la ONU para todos, incluido occidente y los Estados Unidos. Por eso valoro de forma positiva cómo se ha llevado a cabo la intervención en Libia, la forma. (Y por eso defiendo a mi Gobierno frente a su predecesor).
De todos modos, cuanto más tardemos en organizar un nuevo poder internacional respetable por todos, menos estaremos apostando por un crecimiento continuado de la agresividad entre los Estados, actitud palpable desde 2001.

Encuentra las diferencias. Libia vs Iraq

LIBIA:

…Revolución y división del país entre zonas rebelde y pro gadafi…

…Inicio del conflicto. Durante la primera semana, los rebeldes llegan hasta las puertas de Tripoli…

…Gadafi reorganiza las divisiones blindadas y ataca ciudades por aire y tierra…

…Se producen matanzas…

…Que podrían servir de ejemplo para otros líderes con protestas (como de hecho ocurre en Yemen)…

…Se llega a un acuerdo en el Consejo de Seguridad de la ONU…

…En el que se decide establecer una Zona de Exclusión Aérea para evitar masacres…

…El Gobierno de España pide al Parlamento autorización para participar en el cumplimiento de la Resolución…

…Autorización aprobada por todos los grupos menos 2…

IRAQ

…EEUU sufre el mayor atentado de la historia…

…EEUU establece una doctrina de actuación conocida como “Guerra Preventiva”…

…Agrupando a una serie de países en lo que llaman “Eje del Mal”…

…Se inicia una invasión a Afghanistan, considerada cuna de terroristas de Al-Qaeda, como Bin Laden…

…Con el apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU y la gran mayoría de las naciones…

…A partir de 2002 se corre el rumor y se extiende la teoría de que Saddam Hussein tiene armas de destrucción masiva….

…Inspectores afirman que no existen armas…

…Cambio de inspectores…

…Resulta que ahora sí hay armas…

…Estados Unidos trata, sin éxito, de convencer a la comunidad internacional y, en concreto, al Consejo de Seguridad para iniciar la invasión de Iraq para derrocar a Saddam…

…No lo consigue pero en su empeño se encuentra con Tony Blair y José Mari “Ansar”…

…José María Aznar evita pedir permiso al Parlamento de España…

…Solo el Grupo Parlamentario Popular apoya el ataque….

…Casi el 90% de la población está en contra de lo que se empieza a conocer como “Guerra” aunque el Gobierno del PP llama “misión humanitaria”a la participación española…

…Se inician los ataques de Iraq contrarios al mandato (resolución) del Consejo de Seguridad…

…Y una Guerra que dura ya 8 años…

Lo que de verdad importa

En los últimos días escucho mucho hablar sobre los 110 km/h y la ley anti-tabaco. Es verdad que son dos medidas restrictivas de la libertad pero no de la libertad con mayúsculas como dicen algunos. Además de ir a 110 km/h, tenemos que ponernos el cinturón de seguridad, llevar casco reglamentario si vamos en moto, tener preparados chalecos reflejantes para accidentes en carretera, tenemos que dar los intermitentes, tenemos que pararnos a auxiliar a alguien si es víctima de un accidente, tenemos que respetar millón y medio de señales. En realidad, los 110 km/h pueden gustar más o menos, pero es una restricción igual a la existente con los 120 km/h y que ha tomado el gobierno basándose en la necesidad de ahorrar combustible. No es algo una injerencia en nuestra vida personal que vaya más allá que otras permitidas al Estado. Es evidente que no todos ahorran por igual y que, como joven, me gustaría que hubieran sido otras las medidas del gobierno. Por ejemplo, me hubiera gustado que hubieran bajado todavía más el coste del transporte público, pues mi abono de transporte me cuesta 63 euros todos los meses. Una reducción del 30% o 40% en el precio del transporte público hubiera sido beneficiosa.
En todo caso parece que lo que importa somos nosotros. Los individuos egoístas que no pensamos mas que en nuestro propio beneficio. Hemos dejado de ser ciudadanos. No consideramos la comunidad como un espacio de convivencia común. Si no fuera así deberíamos darnos cuenta de que nadie ha exigido al Gobierno que reduzca el 80% de dependencia energética sobre combustibles fósiles (petróleo, carbón o gas natural). Queremos ir a 120 km/h, pero pensar en lo que nos cuesta a todos el déficit de tarifa y lo bien que le viene a las eléctricas…de eso nadie parece enterarse.
Cuando la cosas van mal, al igual que cuando van medio bien o cuando van bien las democracias han de funcionar por el menos común de los sentidos. Es decir, parece ser que hemos borrado de nuestra mente esto de que debe primar el interés general: el bien común. No quiero decir que los 110 sea lo mejor. Solo pretendo que reflexionemos sobre las cosas que decimos muchas veces, no paramos de meternos con los demás y muchas veces de echar balones fuera, pero tenemos que ser capaces de abstraernos del debate sectario y partidista para arrimar un poquito el hombro. Entre partidos si, es a los primeros que hay que exigírselo. Pero también a los ciudadanos con sus políticos.
No parece que exista prohibición sobre conductas de participación ciudadana básicas y sin embargo los ciudadanos españoles somos de los que más participamos en elecciones pero de los que menos nos acercamos y valoramos nuestras instituciones democráticas. Pueden ver ustedes cualquier encuesta del CIS. Criticamos a los políticos en tertulias de salón pero no nos relacionamos con nuestro ayuntamiento. Solo nos damos cuenta de que existen cuando la situación general de nuestra vida se torna trágica. Y es natural, claro que si…pero no podemos pretender recuperar ahora un rigor y una confianza por la que dejamos de velar hace años, cuando empezábamos a vivir bien y, en algunos casos, por encima de nuestras posibilidades.
La conciencia política es algo que se lleva siempre. Para bien o para mal. Pero hay que ejercitarla más allá de ver las noticias. ¡Qué bien hicieron los griegos en su momento eligiendo los cargos de la poleis por sorteo, obligando a todos los ciudadanos preparados para ejercer cargos públicos! Para comprometerse con los ciudadanos. Claro que a más de uno le daría un infarto.
Para mi, quien se mete a política ahora es un valiente y no un chupafrascos. Alguien que sabe que le van a llover por todos los lados. Pero si yo lo hice porque tengo la esperanza de que, en la medida de mis posibilidades voy a cambiar las cosas, ¿Por qué no pensar que la gran mayoría los demás sienten lo mismo que yo? ¿Acaso todo lo que importa son los 110, la imagen de la Leire Pajín o la ley antitabaco? o, como he leído a una buena amiga en facebook, el problema de las pensiones, la dualidad del mercado laboral, la escasa diversificación de nuestra economía, la debilidad demostrada en algunos casos de nuestro Estado del Bienestar, la necesidad de mejorar la educación y la cultura de los niños y jóvenes …¿no son estos problemas más decisivos, profundos e importantes a largo plazo?
Por favor, soy joven, no me robéis la esperanza…