La que se ha liado con las pensiones…

Hace dos días el Gobierno aprobó una propuesta para elevar la edad límite de jubilación hasta los 67 años. La verdad es que no soy un gurú económico, sino un modesto proyecto de politólogo, pero me voy a atrever a hacer un aventurado análisis sobre un asunto puesto que se ha abierto la caja de los truenos en un tema muy delicado. Estoy abierto a todo tipo de correcciones. En este caso, escribo con vocación de equivocarme.

Para empezar y advertir al lector, diré que las variables de análisis son muy cruzadas así que intentaré ordenar: Partimos de una premisa que la mayoría de los que somos de izquierdas compartimos: queremos un sistema público de pensiones.

Pero para ello tenemos condicionantes:

En primer lugar, la cuestión demográfica. Es simple. Mayor esperanza de vida y baja tasa de natalidad. Según el INE en 2050 la tasa de personas mayores de 64 años será del 30%, con lo que esto supone para el gasto en pensiones de la seguridad social y el gasto sanitario o de dependencia. (del 46% al 90% de la población, menores de 16 años o mayores de 64.)

En segundo lugar. El propio Cándido Méndez ha reconocido que los jóvenes cada vez entran más tarde en el mercado laboral y las prejubilaciones están a la vuelta de la esquina. La edad real de jubilación está en los 52 años. Cotizamos durante menos tiempo.

En tercer lugar. La alta tasa de desempleo, especialmente el desempleo a edades tardías, complican enormemente las posibilidades de muchos ciudadanos de alcanzar una cotización digna. La situación de estancamiento del empleo que se va a prolongar durante varios años y la reducción de cotizantes a la seguridad social son otras de las razones que me llevan a pensar que es una reforma necesaria a largo plazo.

Por lo tanto. ¿Reforma Necesaria? Sí. Ahora la pregunta es…¿en qué términos?

La necesidad de mantener un sistema público de pensiones en las condiciones que hemos relatado requiere de un aumento de los ingresos públicos, en primer lugar. ¿Cómo aumentamos estos ingresos? Podemos elevar los impuestos, especialmente a las rentas exentas de imposiciones justas, como por ejemplo, las SICAV.

También podemos aumentar la base de cotización para ciertos años. Los sindicatos han planteado unas “pensiones a la carta” facilitando al trabajador elegir durante qué momentos de su vida laboral cotizará más, propuesta que choca con el sistema actual donde se cotiza más los últimos 15 años.

Otra de las propuestas con más visión de futuro, a mi juicio, es introducir limitaciones a las jubilaciones anticipadas. No es justo que algunos trabajadores se jubilen a los 52 años de manera voluntaria a sabiendas de que su futuro está garantizado por un mayor nivel de renta o de propiedades, mientras que otros lo hacen de manera precoz por un puro interés empresarial. E igualmente injusto parece que un trabajador deba trabajar hasta los 67 años en un trabajo 100 veces más duro y peor remunerado que otro que puede prejubilarse a los 55 con una pensión considerable.

Favorecer la creación de empleo es otra de las premisas para que el sistema funcione, pues esto mejoraría el flujo circular de la renta, aumentando los ingresos del Estado vía impuestos, y favoreciendo la actividad y el consumo.

Ahora bien…afrontemos un debate serio:

He leído comentarios en blogs acertados por una parte, que vienen a decir que desde el PSOE se ha puesto a huevo un debate antisocial, que nos deja excesivamente cerca de la posición del PP y de los empresarios, que siempre, y lo digo bien alto, siempre han apostado por esta medida. Recuerden sino a Rodrigo Rato. Sin embargo, en muchos casos la reticencia no es tanto al debate como a tomar la iniciativa de abrir el debate. ¿Por qué tiene que ser la izquierda? Si somos partidarios de la reforma, una vez abierto el debate hay que encaminarlo por donde nosotros queremos:

Por elevar determinados impuestos.

Por aumentar el periodo de cotización máxima.

Por desarrollar medidas para limitar las jubilaciones anticipadas y que la jubilación real vaya retrasándose paulatinamente.

Por desarrollar políticas activas de empleo y reciclaje.

Por introducir matices al retraso legal, en función del tipo de empleo.

Por mantener y potenciar medidas para elevar la tasa de natalidad.

Por aumentar los servicios destinados a dependencia, construir servicios sanitarios adecuados, y residencias públicas.

Por defender nuestro sistema financiero y fiscal de los ataques injustos del exterior.

Por tener, en definitiva, un sistema de pensiones fuerte, que no nos lleve al engaño de las ventajas de los planes privados de pensiones para crear jubilados de dos niveles.

Debate demasiado serio como para, una vez abierto, tomárselo a la ligera. ¿Por qué se ha abierto este debate? Por un guiño a Davos. El Gobierno peca de poca comunicación con sus bases y de no tener un criterio firme y unificado al dar un paso así, cosa que no se debe desdeñar. Las formas no acompañan pero mucho es lo que hay en juego y para bien o para mal hemos acelerado el proceso para definirlo. Y yo no se vosotros, pero yo de mayor, quiero vivir en un país con un sistema público de pensiones JUSTO.

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Gobierno Abierto- Irekia: Otra demo-cracia es posible

Ayer saltaba la noticia de la apertura de una pagina web por parte del Gobierno Vasco llamada “Gobierno Abierto- Irekia”. Una buena noticia para la democracia, una buena noticia que no entiende de divisiones entre derechas o izquierdas; nacionalistas o no no nacionalistas; y debo expresar mi enhorabuena para el Gobierno de Patxi López. De lo que se trata es de acercarnos a ese poder del demos del que nos alejamos cuando los pensadores contemporaneaos se inventaron la democracia burguesa, liberal y representativa.
Este espacio es una ejemplo de esperanza que debe extenderse esencialmente a la democracia local, pues es un instrumento eficaz para promocionar los valores del pluralismo político, de la transparencia gubernamental y la participación política activa y continua de los ciudadanos; tan sanos y necesarios en cualquier democracia que quiera recibir este nombre. Es una nueva herramienta para fomentar la preocupación por la cosa pública, que tan abandonada se encuentra. Permitirá también conocernos a nosotros mismos, a las diferentes asociaciones, a bloggeros, a empresas y a ciudadanos anónimos que tienen mucho que aportar, y que ahora podrán canalizar sus demandas en un espacio abierto a quien quiera entrar y en el que ya estaban acostumbrados a expresarse porque en los canales de comunicación política tradicionales encontraban más bien barreras infranqueables. Y esencialmente es un recurso pedagógico necesario para nuestra democracia, donde aprenderíamos a debatir, a confrontar ideas y a discrepar con educación; separando lo privado de lo público y haciendo de nosotros ciudadanos informados y preocupados por lo que es nuestro: el gobierno.
En estudios recientes hechos sobre este tema – y os recomiendo el libro de “La Galaxia Internet” de Manuel CASTELLS- existen ejemplos de puesta en marcha de proyectos de participación ciudadana. Concretamente, habla CASTELLS, del ejemplo de la “Ciudad Digital de Ámsterdam”. Esperemos que no adolezca de los mismos fallos: utilización comercial, instrumentalización única de la acción de gobierno, y persistencia de la separación entre políticos y ciudadanos por abarcar una “comunidad” excesivamente amplia.
Por eso me he referido antes a que es esencialmente un instrumento válido para la democracia local, pues rompe los canales de comunicación y representación tradicionales de los ciudadanos monopolizados por partidos excesivamente institucionalizados, y donde mejor pueden solucionarse esos problemas que adolecen a los políticos, incapaces de entender la distancia de años luz que les separan de ciudadanos con los que se cruzan a diario.

¡¡¡Revolucionario Obama!!!!

Dos frases… ” Si quieren pelea, la tendrán” y “golpe a la democracia”… que son dos cosas muy serias, especialmente si estamos hablando de regular la actividad financiera de los bancos en el primer caso, y de discrepar profundamente de una decisión de corte electoral del superpoderoso Tribunal Supremo de los Estados Unidos.
Obama abre frentes y radicaliza su discurso democrático. Según los analistas para recuperar la iniciativa perdida tras la pérdida electoral de esta semana en Masachusetts, que le complica enormemente la vida de cara a su reforma sanitaria y las elecciones de noviembre. Sin embargo, todo esto es estrategia, una estrategia que le puede desgastar a él, y puede devolver al fondo del armario temas muy importantes como la reforma sanitaria y los límites a la especulación financiera. Son temas que, pese a todo, es necesario abordar a la luz de la crisis política y social. Y un debate democrático sobre ellos a nadie debe molestar (ni siquiera al poder económico, que no es poco). Regular la actividad y poner límite a la especulación significa aumentar la seguridad de los ahorros de los ciudadanos para que no tengan que volver a ser estafados por un Maddof de turno. Aprobar la reforma sanitaria supone extender el servicio sanitario gratuíto a seres humanos que necesitan de esa ayuda más que aquellos a los que el saldo de su cuenta corriente les permite cambiarse de seguro médico porque en la competencia le regalan hilo dental.
En definitiva: Obama más radical. Pero me niego a que los periódicos de turno le llamen populista. Populismo es utilizar a las masas como pretexto para una actuación muy particular o personalista, por ejemplo. Sin embargo, Obama quiere, legítimamente, cumplir con su palabra y hacer a su país un gran favor en términos de justicia política y social. Esperemos que esta estrategia no se quede solo en palabras, y que no tenga que venir aquí a contaros lo decepcionado que me siento.

Dicen que Haití no existe

Un terremoto asoló la semana pasada uno de los países más pobres del mundo, Haití. Un terremoto de tal magnitud puede provocar una catástrofe practicamente en cualquier parte del mundo, salvo en los países desarrollados acostumbrados a tener seismos cada cierto tiempo, como Japón, que han desarrollado normativas urbanísticas que acondicionan los edificios para sobrevivir. Huelga decir que Haití no es el caso, y como consecuencia muchos editoriales han destacado una cosa, que por otra parte es evidente, a saber: la incapacidad del Estado de Haití para hacer frente a la situación. Es más, incluso algunos periódicos han afirmado que “Haití ya no existe”.
Cadáveres quemados en las esquinas o hacinados en calles en señal de protesta; inexistencia de efectivos sanitarios, de bomberos o policías que controlen la situación; un país con una renta por habitante ínfima y un Estado sin apenas ingresos. Y entre tanto, una Sociedad Internacional despistada y sin un liderazgo intergubernamental autónomo capaz de articular una misión internacional solidaria que ayude a contabilizar e identificar fallecidos, ayudar a los heridos y repatriar a los extranjeros. Y es que la ONU se ha quedado sin sede. Pero, tan preocupante es esto como que, después de casi una semana, los países ricos todavía debatimos si lo importante es proporcionar seguridad o ayuda humanitaria. Como si ambas cosas fueran disociables y como si el mundo desarrollado no tuviera suficientes recursos para atender semejante necesidad humana.
6 días después, la esperanzas de vida son escasas. Y yo me pregunto… Tantas catástrofes vividas, tantas guerras, tantas misiones internacionales y aun así, tanta descoordinación. Para que luego digan y se hagan cábalas sobre la gobernanza mundial, los beneficios de la globalización y el multiculturalismo. Las dos caras de la misma moneda. En realidad, la gobernanza solo es un habitáculo de poder accesible a los más ricos, los beneficios de la globalización hasta ahora se han medido en términos económicos, y el multiculturalismo es todavía una ilusión en casi todos los países.

Sensaciones…

No tengo la intención de utilizar este blog para cuestiones calagurritanas. Soy estudiante de Ciencias Políticas e intento especializarme en análisis político y me gusta más analizar las cuestiones de carácter nacional. Sin embargo, mi experiencia personal, aunque corta, me ha animado a escribir aquí mis primeras sensaciones como militante de Juventudes Socialistas en Calahorra en relación a una campaña de afiliación que hemos realizado en el mes de diciembre.

Como muchos de vosotros, los que me leéis desde mi ciudad, sabréis, hemos realizado una campaña de afiliación en Calahorra. Una campaña que explicamos en rueda de prensa y que tenia la intención de persuadir sobre las carencias juveniles de nuestro municipio. La campaña se desarrollaba en dos fases, aunque previamente iniciamos una pegada de carteles que pretendía sorprender y animar el debate para aumentar la efectividad de la campaña. Relato fase a fase y las sensaciones personales de cada una de ellas.

En la fase previa, pegamos unos carteles que versaban: “jóvenes sin ocio = jóvenes de Calahorra. Gracias Pagola”, y así sucesivamente con mensajes relativos a vivienda, trabajo y oferta educativa. En nuestro pensamiento estaba la incapacidad del gobierno municipal de asumir sus competencias en materia de vivienda, donde no se han preocupado de ofrecer vivienda protegida a los jóvenes de Calahorra en los mas de 15 años que llevan gobernando. Nos preocupaba también el escaso crecimiento de oferta educativa, especialmente en lo que se refiere a la formación profesional, que no ha crecido ni en número ni el variedad en estos 15 años. Nos preocupaba que el paro juvenil, además de ser un problema que ningún gobierno central ha solucionado definitivamente (a mi juicio) en las últimas dos décadas (y un estudiante como yo, que no es ignorante, lo sabe) pudiera estar explicado por el retraso en la construcción del polígono industrial de rifondo, la indefinición de un polígono autonómico, del que todavía no sabemos si existirá. O porque el nuevo polígono proyectado por el gobierno nacional, todavía no está terminado, aunque vaya en plazo. En definitiva, por el retraso en la política de expansión industrial que podría dar trabajo a cientos de jóvenes calagurritanos. Nos preocupaba asimismo el bajón de nuestro ocio diurno y nocturno que había hecho a Calahorra tan famosa en tiempos no tan remotos y que ahora agoniza a causa de muchos factores, entre ellos, la escasa atención de nuestros gobernantes.

Y sin embargo, en esta primera fase nuestra preocupación no solo provocó el debate sino algo todavía más preocupante: la incapacidad del gobierno municipal para respetar unos carteles que, aunque anónimos, no tenían otra función que la de persuadir y alimentar un debate que creo absolutamente necesario. Y lo hicimos a las 2 de la madrugada, no por miedo a ser descubiertos sino por cuestiones de efectividad. Puede que no fuera la manera más práctica de hacerlo y quizá había otras, no lo puedo negar, pero a posteriori, el uso de la ironía tiene la virtud de ser indirecta y provocar reacciones que no expresan sino las sensaciones que a uno, bajo su filtro personal de pensamiento, le provocan. Y de esa efectividad es de la que hablábamos, a pesar de no ser la buscada. Las reacciones cantan:

La retirada de carteles de un concejal, con independencia del partido que sea, podría expresar que se ha sentido ofendido e incluso podría llegar a entenderlo si me pongo en su lugar. Pero el mero acto de tratar de reventar una campaña que en ese momento era ciudadana y anónima demuestra un miedo a que se abra un debate que reactive las demandas que todo un pueblo está en su derecho de hacer a su gobierno local. Y por mucho que le fastidien los carteles o le parezcan ofensivos, ha de dejarlos ahí porque no tiene un concejal potestad para arrancarlos, igual sí para otras cosas, pero no para liquidar un medio de expresión perfectamente legal. (Quitó los del juzgado y no otros mal colocados).

La respuesta de ayer de NN.GG, poco menos que llamándonos chismosos, radicales, favorables a las dictadura cubana o al régimen chavista de Venezuela por el mero hecho de que nuestra organización tiene una estrella roja (como si ellos pudieran elegir su propio símbolo) o personas odiosas y ancladas en el pasado…no merece mis comentarios porque es absurdo.

El caso es que finalmente nos sancionaron, bueno, sancionaron a mis compañeros. Pero, nos los sancionaron por pegar carteles donde no debíamos, que lo hicimos. Si nos hubieran sancionado por eso, hubiéramos acatado y pagado la multa como está mandado, porque nos equivocamos como principiantes que somos. Y lo digo con toda sinceridad e inocencia. ¡¡Pero no!! Nos sancionaron por pegar carteles sin autorización, requisito que no se le pide hoy en día a nadie, o al menos eso es lo que nos dijo la policía, a mi en persona posteriormente. Eso en derecho se llama abuso de poder y consiste en la aplicación selectiva de la norma para beneficio propio. Eso vulnera la libertad de expresión que está amparada en nuestra Constitución. Para justificarse pueden utilizar mil y un argumentos, mil y una excusas, pero ninguna negará la realidad, que es la que los hechos demuestran y no las interpretaciones que uno y otro puede hacer sobre el tema.

La segunda pegada de carteles la realizamos a plena luz del día y además en día de mercadillo. (vaya ganas de ser nocturnos, provocadores y radicales o de pasar desapercibidos). Reinventar Calahorra, y en esta me lo pasé especialmente bien. Recordé los informativos, los documentales, los libros y los testimonios de quienes me han contado el proceso de transición. La convivencia de carteles de muy diverso signo, la aceptación general de la pluralidad de opciones políticas. En fin, ese ambiente de politización y debate que caracterizó a nuestra transición a la que tanto nos gusta evocar, pero de la que nunca recordamos aspectos de la vida social tan importantes como aquel.

Y el mensaje: “reinventar”. Regenerar Calahorra. Desde mi perspectiva de estudiante de políticas, que me proporciona una visión muy genérica pero muy ácida de la realidad, porque accede y me permite analizar la globalidad de los problemas, me he creído esa palabra, porque pienso que es la única manera de cambiar las cosas. Participar en política para reinventar las cosas. Para transformar aquello que crees que beneficiará a tus conciudadanos. Para ejercer con responsabilidad la virtud cívica de la participación política, tan importante o más que el voto cada 4 años. Ese día me fui a la cama con una buena sonrisa en la cara.

La tercera pegada fue movidita. Tuvimos que bajar a la policía para asegurarnos de que la campaña podía seguir adelante, tras otra actuación del equipo de Gobierno que llamó a la policía para controlar nuestra actividad y pedirnos autorización. Yo mismo dejé mis datos en comisaría y me hice responsable y objetivo de una hipotética sanción. Vieron como pegábamos los carteles. Por tanto, si los pegamos por la noche, porque los pegamos por la noche y si los pegamos por el día, porque los pegamos por el día. No diré más sobre este tema, porque los hechos hablan por si mismos. (Por eso, y porque tengo mucho aprecio por algunas personas en especial con las que trabajaré muy agusto). El mensaje, el final, en el que nos destapábamos como las juventudes de Calahorra, socialistas claro: ¿Te atreves? (a reinventar Calahorra, se entiende).

Todo hubiera acabado aquí, en dos fases simples de campaña y una precampaña si no hubiéramos tenido los escollos que tuvimos. Si no hubiéramos tenido que soportar la arrancada selectiva de carteles. Sino hubiéramos sentido la presión de un equipo de gobierno incómodo con la situación y que aplicó la norma selectivamente. Sino hubiéramos visto como responsables políticos no sabían separar su faceta y potestad pública de sus intereses privados, en este caso, relativos a la conciencia y a la cosa pública. Nos vimos obligados a defendernos con un manifiesto en defensa de la libertad de expresión y denunciando los hechos. Defendimos nuestra campaña, legítima, que no tenía otra misión que conseguir afiliados y animar el debate público. Un debate que se ha traducido en la actitud de “matar moscas a cañonazos”. Lo lamento profundamente.

Pero ahí quedará siempre nuestro fondo de ideas, nuestras preocupaciones e inquietudes, esas inquietudes juveniles que mas de una vez han sacado a nuestro país de los peores momentos de su historia. Unas inquietudes juveniles necesarias para el avance de la sociedad democrática, y para la construcción de un mundo, en este caso una ciudad, que nos va a tocar gestionar a nosotros no dentro de mucho tiempo.